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La casa del número 13: cuento de Halloween para 6.º

La casa del número 13: cuento de Halloween para 6.º
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Un cuento de Halloween de miedo para 6.º de Primaria, aunque solo un poco. En la calle del Olmo todo el mundo sabe que la casa del número 13 está encantada: verja oxidada, contraventanas cerradas, zarzas en el jardín y nadie que entre ni salga. La noche de Halloween, Daniela, Omar y Lucía se apuestan llamar a la puerta. Por el camino se enciende una luz temblorosa, aparece una sombra de dedos larguísimos y una voz grave pregunta quién se atreve a molestar su descanso. Lo que hay al otro lado de la puerta es lo último que esperaban.

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En la calle del Olmo todo el mundo sabía que la casa del número 13 estaba encantada. O eso decían. Tenía la verja oxidada, las contraventanas siempre cerradas y un jardín donde las zarzas habían ganado la guerra hacía años. Nadie recordaba haber visto entrar o salir a nadie.

La noche de Halloween, Daniela, Omar y Lucía se plantaron delante de la verja con sus disfraces y una linterna.

—La apuesta es la apuesta —dijo Omar—. Llamar al timbre y aguantar diez segundos.

—El timbre no funciona desde hace siglos —dijo Lucía.

—Pues llamar a la puerta.

Daniela empujó la verja. Chirrió de una forma que a ninguno le hizo gracia.

Cruzaron el jardín en fila, pisando donde pisaba la anterior. A mitad de camino, una luz se encendió detrás de una de las contraventanas: una luz amarillenta que temblaba, como de vela. Y en la rendija apareció una sombra alargada, con unos dedos larguísimos que se movían despacio.

Lucía agarró a Omar del brazo. Omar fingió que no le importaba.

—Es una sombra —susurró Daniela—. Las sombras no hacen nada.

Llegaron a la puerta. Antes de que nadie pudiera llamar, se oyó dentro una voz grave, lenta, que parecía salir de debajo del suelo:

—¿Quién se atreve… a molestar… mi descanso?

Los tres dieron un salto hacia atrás. La linterna se le cayó a Omar y rodó por el porche. Lucía ya estaba a medio camino de la verja cuando la puerta se abrió con un crujido largo.

En el umbral había una mujer muy mayor, menuda, con el pelo blanco recogido y unas gafas en la punta de la nariz. En una mano llevaba un candelabro. En la otra, una marioneta de un esqueleto con los dedos de alambre.

—Vaya —dijo, con una voz que ya no era grave en absoluto—. Por fin alguien.

Nadie supo qué contestar.

—Me llamo Amparo —siguió la mujer—. Fui titiritera cuarenta años. Llevo toda la tarde ensayando, y si os soy sincera, empezaba a pensar que este año tampoco iba a venir nadie a llamar.

Lucía volvió despacio desde la verja.

—¿Ensayando qué?

La señora Amparo se apartó de la puerta. Detrás, en el recibidor, había un pequeño teatro de madera con un telón rojo, una sábana tensada para hacer sombras y una caja llena de marionetas: una bruja, un murciélago, un hombre lobo con orejas de fieltro y un fantasma hecho con un pañuelo.

—Todos los años preparo una función de Halloween —dijo—. Hace mucho venían los niños de la calle. Luego dejaron de venir; supongo que alguien empezó a decir que la casa daba miedo.

Daniela miró a Omar. Omar miró la linterna, que seguía en el suelo del porche.

—La casa da un poco de miedo —admitió.

—Lo sé —dijo la señora Amparo, y sonrió—. Es lo que tiene ser buena en tu trabajo.

Aquella noche, los tres vieron la función sentados en la alfombra del recibidor. Duró veinte minutos y en dos momentos Lucía gritó de verdad. Al terminar, la señora Amparo les enseñó cómo se movía el esqueleto y les dejó probar a hacer la voz grave «de debajo del suelo». A Omar le salió mejor que a nadie.

El año siguiente, la noche de Halloween, la verja del número 13 estaba abierta y en el jardín alguien había quitado las zarzas. Delante de la puerta había una fila de niños disfrazados que llegaba hasta la esquina.

Y en un cartel escrito a mano, colgado del pomo, ponía: «Función a las siete. Se ruega llamar a la puerta. El timbre no funciona».

El miedo que se construye y se deshace

A los once o doce años, los niños ya disfrutan pasando un poco de miedo en un cuento, siempre que sepan que hay una salida. Este relato va subiendo la tensión paso a paso —la verja que chirría, la luz de vela, la sombra, la voz «de debajo del suelo»— y la deshace de golpe cuando se abre la puerta. Es un buen ejemplo de cómo funciona el suspense: el lector imagina mucho más de lo que el texto dice.

Y el giro tiene su gracia: la sombra era una marioneta de esqueleto, la voz era un ensayo, y la casa daba miedo precisamente porque su dueña era muy buena en su trabajo.

La casa que nadie visitaba

Debajo del susto hay otra historia. La señora Amparo lleva años preparando una función de Halloween a la que ya no viene nadie, porque alguien empezó a decir que la casa daba miedo. El cuento no se detiene en ello, pero el lector atento entiende que los rumores tienen consecuencias. El final, con la fila de niños disfrazados hasta la esquina y el cartel en el pomo, cierra la historia con humor.

Propuestas para 6.º

  • Analizar el suspense: subrayar las frases que más miedo dan y explicar qué recurso usan (sonido, luz, sombra, voz).
  • Escribir el principio: contar cómo empezó el rumor de que la casa estaba encantada, desde el punto de vista de un vecino.
  • Teatro de sombras: una sábana, una linterna y marionetas de cartulina. La señora Amparo enseña cómo.

Otros cuentos de Halloween de la casa son «La bruja que no daba miedo», para 3.º, y «El fantasma que tenía hipo», para los más pequeños. Para el mismo curso, «El vecino del cuarto» tiene también un adulto misterioso.

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Preguntas frecuentes

¿Es un cuento de Halloween de miedo apropiado para niños de 6.º?

Sí. Tiene tensión y algún momento de susto, pero nada violento ni desagradable, y el final es cálido. Es de miedo en la medida justa para once o doce años.

¿Cuánto se tarda en leerlo?

Unos seis minutos en voz alta. Para una sesión de Halloween, deja tiempo para comentar el giro final.

¿Vale para 1.º de ESO?

Sí, sobre todo para trabajar el suspense y el punto de vista en escritura creativa.

Maestro Mateo
Escrito por
Maestro de Educación Primaria con la especialidad de Inglés y más de quince años de aula. En Refuerzo Educativo se ocupa del material de idiomas y de la parte de evaluación: pruebas iniciales, solucionarios y hojas de registro.

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