Las técnicas de estudio en Primaria tienen un problema: casi todo lo que se enseña —subrayar, releer, hacer resumen— está entre lo menos eficaz que existe. Y lo que sí funciona apenas se practica. Esta guía ordena unas y otras, y dice desde qué curso tiene sentido cada una.
Lo que la investigación considera de alta utilidad
En 2013, un equipo dirigido por John Dunlosky revisó diez técnicas de estudio muy extendidas y las clasificó por su eficacia real. Solo dos salieron con la máxima calificación.
Autoevaluarse. Cerrar el libro e intentar recordar. No repasar mirando: responder sin mirar. Es incómodo, se falla más y por eso se abandona, pero es con diferencia lo que mejor fija el contenido.
Repartir el estudio en el tiempo. Tres ratos de quince minutos en tres días rinden mucho más que cuarenta y cinco minutos seguidos la víspera. El olvido parcial entre sesión y sesión es justo lo que hace que la segunda vez se aprenda mejor.
Lo que casi no sirve, aunque todo el mundo lo haga
El mismo trabajo sitúa en la categoría de baja utilidad tres prácticas que ocupan la mayor parte del tiempo de estudio: subrayar, releer y resumir.
El motivo es el mismo en los tres casos. Producen una sensación muy fuerte de familiaridad —esto ya me suena— que el estudiante confunde con saberlo. Después, en el examen, la pregunta no es si le suena sino si lo recuerda, y ahí se descubre el engaño.
No significa que haya que prohibirlos. Significa que no pueden ser el método: subrayar está bien como paso previo, nunca como estudio.
Desde qué curso conviene enseñar cada cosa
Hay un error muy común, que es adelantar técnicas que el niño aún no puede usar. Subrayar exige haber comprendido, y un alumno de 2.º que subraya acaba pintando la página entera.
- 1.º y 2.º: contar en voz alta lo leído y responder preguntas sin mirar. Nada de subrayar ni de esquemas.
- 3.º y 4.º: rodear la palabra exacta donde está la respuesta, empezar a distinguir lo importante de lo llamativo y hacer preguntas propias sobre el texto.
- 5.º y 6.º: ya sí: esquema con estructura, autoevaluación con preguntas escritas la víspera y repaso repartido en varios días.
La prueba de los cinco minutos
Hay una forma muy rápida de saber si una sesión de estudio ha servido: al terminar, cerrar todo y pedir que cuente el tema en cinco frases.
Si sale un relato con sentido, ha estudiado. Si salen palabras sueltas o solo el principio, ha estado delante del libro, que no es lo mismo. Esta comprobación cuesta un minuto y ahorra discusiones el día del examen.
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Preguntas frecuentes sobre las técnicas de estudio
¿A qué edad se empiezan a enseñar técnicas de estudio en Primaria?
Las de verdad, hacia 5.º. Antes se preparan los cimientos: comprender lo que se lee, contar lo leído y aguantar una tarea sin abandonarla. Sin eso, cualquier técnica es un ritual vacío.
Estudia mucho y suspende, ¿qué está pasando?
Casi siempre está releyendo. Pasa mucho tiempo con el libro delante y no se pone a prueba ni una vez. El cambio consiste en cerrar el libro y responder de memoria, aunque al principio falle bastante.
¿Sirven los resúmenes que mandan en clase?
Como ejercicio de escritura, sí. Como técnica de estudio rinde poco, salvo que después se use para autoevaluarse: taparlo e intentar reconstruirlo.
De dónde salen estos datos
La clasificación de técnicas por eficacia procede de Improving Students’ Learning With Effective Learning Techniques, de Dunlosky, Rawson, Marsh, Nathan y Willingham, publicado en Psychological Science in the Public Interest en 2013. Es la revisión más citada sobre el asunto y la que sitúa la autoevaluación y la práctica distribuida por encima del resto.
