Una receta es el texto instructivo más fácil de entender porque el resultado se come. Si las instrucciones estaban mal escritas, el bizcocho sale mal, y esa comprobación inmediata es lo que hace de este contenido un ejercicio de escritura excelente.
Dos partes y ninguna más
Toda receta tiene ingredientes y elaboración, y las dos van separadas y con formato distinto por una razón práctica.
Los ingredientes van en lista, con la cantidad delante, porque se leen todos de golpe antes de empezar: hay que comprobar si están todos. La elaboración va en pasos numerados, porque se leen de uno en uno mientras se cocina y con las manos ocupadas.
Ese es el aprendizaje de fondo: el formato de un texto depende de cómo se va a leer. Nadie lee una receta de principio a fin como un cuento, y por eso no se escribe como un cuento.
El infinitivo o el imperativo, pero no los dos
Los pasos se escriben de dos maneras y las dos son correctas. En infinitivo: «batir los huevos», «añadir la harina». O en imperativo: «bate los huevos», «añade la harina».
Lo que no vale es mezclarlas dentro de la misma receta, y ese es el fallo más frecuente en tercero: empiezan en infinitivo y a los tres pasos se pasan al imperativo sin darse cuenta.
La corrección es sencilla y visual: subrayar el primer verbo de cada paso y comprobar que todos terminan igual. Es un criterio objetivo, así que el alumno puede revisarlo solo.
Las palabras de tiempo y de cantidad
Son las que separan una receta que se puede seguir de una que no.
De orden: primero, a continuación, después, mientras tanto, por último. Sin ellas los pasos parecen independientes y no se sabe qué va a la vez y qué va detrás.
De cantidad: 200 gramos, media taza, una cucharada, un pellizco. Aquí hay un ejercicio muy productivo: sustituir todas las cantidades vagas —«un poco de sal», «bastante azúcar»— por una medida concreta. Al hacerlo se descubre lo difícil que es y por qué importa.
De tiempo y temperatura: veinte minutos, a 180 grados, hasta que esté dorado. Este último tipo, el que describe un estado en lugar de un número, es el más difícil de escribir y el más útil.
La prueba definitiva: que otro la siga
Y aquí está lo que hace que el tema se recuerde años después: cada alumno escribe una receta muy sencilla y otro compañero tiene que ejecutarla al pie de la letra, sin añadir nada de su cosecha.
Funciona incluso sin cocina, con un sándwich, un vaso de leche con cacao o una macedonia. Y sale mal casi siempre, porque falta un paso o una cantidad, y ahí está la lección: lo que para quien escribe era evidente, para quien lee no lo era.
Reescribirla después de ver el desastre es la mejor revisión de un texto que se puede pedir en tercero, porque el motivo para corregir es real y no lo ha puesto el profesor.
Otros textos que funcionan igual
Todo lo del tema sirve para cualquier texto instructivo, y conviene decirlo para que no se quede en las recetas. Las instrucciones de montaje de un mueble, las reglas de un juego de mesa, el prospecto de un medicamento o el manual de un aparato tienen la misma estructura: una lista de lo que hace falta y unos pasos numerados.
Traer a clase las instrucciones de un juego y comprobar si se entienden sin que nadie explique nada es un ejercicio corto y revelador. Casi siempre falta algo, y entonces el alumno descubre que escribir instrucciones claras es difícil incluso para los profesionales.
Qué trae la ficha
Una receta modelo con las dos partes señaladas y los verbos subrayados; los pasos de una receta desordenados para numerar; una versión con cantidades vagas para sustituir por medidas concretas; un texto que mezcla infinitivo e imperativo para unificar; una lista de conectores de orden; y una plantilla en blanco con las dos secciones para escribir una receta que otro tendrá que seguir.
La ficha para descargar
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Preguntas frecuentes
¿Por qué los ingredientes van en lista y los pasos numerados?
Porque se leen de forma distinta. Los ingredientes se miran todos de golpe antes de empezar; los pasos, de uno en uno y con las manos ocupadas. El formato depende de cómo se va a leer.
¿Infinitivo o imperativo?
Cualquiera de los dos, pero sin mezclarlos. El fallo típico es empezar con «batir» y pasar a «añade» tres pasos después. Subrayar el primer verbo de cada paso lo detecta enseguida.
¿Qué falta en casi todas las recetas de los alumnos?
Cantidades concretas y conectores de orden. Sustituir «un poco de sal» por una medida real y añadir «a continuación» o «mientras tanto» cambia el texto por completo.
¿Cómo se comprueba si está bien escrita?
Haciendo que otra persona la siga al pie de la letra, sin añadir nada. Sale mal casi siempre, y ahí está la lección: lo evidente para quien escribe no lo es para quien lee.
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