Un diminutivo dice que algo es pequeño y un aumentativo, que es grande. Hasta ahí el tema se explica en un minuto. Lo interesante empieza cuando se descubre que casi nunca sirven solo para el tamaño.
Casi siempre añaden cariño o desprecio
Cuando alguien dice «tu casita» no está midiendo la casa: está siendo amable, o está siendo despectivo, según el tono. «Un cafelito» no es un café pequeño, y «un ratito» no siempre es poco rato.
Ese matiz se llama valor afectivo y a los ocho años se capta perfectamente si se plantea con ejemplos suyos. Comparar «mi abuela» con «mi abuelita», o «tienes un problema» con «tienes un problemilla», deja claro que lo que cambia no es el tamaño.
Con los aumentativos pasa lo mismo pero al revés: muchos suenan mal aunque signifiquen «grande». «Cabezón», «narigón» o «solterón» no son elogios, y conviene señalarlo porque los niños los usan sin darse cuenta de la carga que llevan.
Las terminaciones que hay que reconocer
Para el diminutivo: -ito e -ita, que son las más frecuentes; -illo e -illa; -in e -ina; -uelo y -uela. Casa da casita, pan da panecillo, pequeño da pequeñín.
Para el aumentativo: -ón y -ona; -azo y -aza; -ote y -ota. Silla da sillón, perro da perrazo, libro da librote.
Y hay una tercera terminación que a veces se confunde con el aumentativo: -azo también significa golpe. Un «codazo» no es un codo grande; es un golpe con el codo. Ese doble sentido merece un apartado propio porque aparece en todos los exámenes.
Las trampas ortográficas
Al formar el diminutivo cambia a veces una letra, y ahí se concentran los fallos de tercero.
De chico sale chiquito, no «chicito»: la c pasa a qu delante de la i. De amigo sale amiguito: hay que meter una u para que la g siga sonando fuerte. De lápiz sale lapicito: la z se vuelve c.
No son excepciones caprichosas: son las mismas reglas de c/qu y g/gu que se estudian en ortografía, aplicadas aquí. Enlazar los dos temas ahorra explicaciones y le da sentido a lo que en su momento pareció una norma suelta.
Palabras que ya no son diminutivos
Es la parte que más sorprende. Algunas palabras tienen forma de diminutivo y han dejado de serlo, porque nombran otra cosa distinta.
Un bocadillo no es una boca pequeña. Una bombilla no es una bomba pequeña. Un colilla, una manzanilla o una zapatilla tampoco.
La prueba para distinguirlas: si se puede sustituir por «un X pequeño» y la frase sigue significando lo mismo, es un diminutivo de verdad. Si no, la palabra ya vive por su cuenta. Reunir entre toda la clase cinco casos de este tipo sale solo y se queda en la memoria.
Cuidado con los que hacen daño
Merece la pena dedicar cinco minutos a algo que no es gramatical y que en tercero importa: hay aumentativos y diminutivos que se usan para meterse con alguien. «Gordinflón», «enano», «bajito» dicho con cierto tono. Los niños los emplean sin medir el efecto porque suenan graciosos.
Basta con nombrarlo una vez, sin sermón: la misma terminación que hace cariñosa una palabra puede volverla hiriente, y quien la recibe no siempre lo toma como broma. Es exactamente el mismo contenido —el valor afectivo del sufijo— aplicado a algo que les ocurre en el patio.
Qué trae la ficha
Palabras para transformar en diminutivo y en aumentativo, con seis casos donde cambia una letra; una tabla de terminaciones con dos ejemplos propios que hay que rellenar; parejas de frases del tipo «mi abuela» y «mi abuelita» para explicar qué cambia; un apartado sobre el -azo de golpe frente al -azo de tamaño; y ocho palabras con forma de diminutivo para decidir cuáles lo son de verdad aplicando la prueba de sustitución.
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Preguntas frecuentes
¿Los diminutivos solo indican tamaño?
Casi nunca. La mayoría añaden cariño o desprecio según el tono: «mi abuelita» no es una abuela pequeña. Ese valor afectivo se capta bien a los ocho años con ejemplos propios.
¿Por qué «chico» da «chiquito» y no «chicito»?
Porque delante de la i el sonido fuerte se escribe con qu. Pasa lo mismo con amigo y amiguito, y con lápiz y lapicito. Son las reglas de ortografía de siempre aplicadas aquí.
¿«Bocadillo» es un diminutivo?
Ya no. Tiene la forma pero nombra otra cosa. La prueba: si se puede cambiar por «una boca pequeña» y la frase sigue teniendo el mismo sentido, es diminutivo; si no, la palabra vive por su cuenta.
¿Qué pasa con el sufijo -azo?
Tiene dos sentidos. En «perrazo» indica tamaño; en «codazo» indica golpe. Es la confusión que más aparece en los exámenes y conviene practicarla aparte.
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