Una avería en un cruce y alguien que decide que el problema también es suyo.
El martes por la mañana el semáforo de la calle Mayor no funcionaba. En vez de rojo, ámbar y verde, parpadeaba una luz naranja que no decía nada. Los coches llegaban al cruce, frenaban, se miraban unos a otros y avanzaban a trompicones. Marta y su hermano tenían que cruzar para ir al colegio y se quedaron parados en la acera sin saber qué hacer.
Al cabo de un rato apareció un hombre con chaleco reflectante. No era policía: era el conserje del colegio, que había visto el atasco desde la ventana. Se puso en medio del cruce y empezó a dirigir el tráfico con los brazos: paraba a los coches con la palma abierta y llamaba a los peatones con la otra mano. En cinco minutos el cruce funcionaba mejor que con el semáforo.
A las nueve y media llegó una furgoneta del ayuntamiento con dos operarios. Uno abrió una caja gris que había en la esquina, cambió una pieza y el semáforo volvió a encenderse en rojo. El conserje se apartó, saludó y se volvió al colegio. Nadie le dio las gracias, pero Marta se acordó de él todo el día.
Responde a las preguntas
Un texto para hablar de quién arregla las cosas
La historia plantea una idea que en 4.º ya se puede discutir en serio.
El semáforo lo arregla el ayuntamiento, pero el problema lo resuelve antes alguien que no tenía ninguna obligación de hacerlo. Preguntar si el conserje hizo bien, si debería haberse quedado en el colegio o qué habría pasado si nadie sale a la calle abre una conversación sobre responsabilidad que no necesita moraleja: el texto ya la trae puesta y basta con sacarla.
Las cuatro preguntas no son del mismo tipo
Conviene saberlo, porque un fallo en una no significa lo mismo que en otra.
Las dos primeras se responden localizando un dato escrito en el texto. La tercera exige deducir un motivo que no aparece. La cuarta pide averiguar el significado de una palabra por el contexto. Son tres destrezas distintas, y en 4.º ya se evalúan las tres. Si el niño falla siempre en el mismo tipo, ahí está el trabajo.
Deducir el significado sin diccionario
Es la destreza que más rendimiento da a partir de este curso.
Nadie va a tener un diccionario a mano cada vez que lea, así que hay que aprender a apoyarse en lo que rodea a la palabra. En «a trompicones», las pistas están en las frases de al lado: frenaban, se miraban, avanzaban. Enseñar a buscar esas pistas antes de preguntar cambia por completo la autonomía lectora.
Qué hacer de verdad ante un semáforo averiado
Merece la pena contarlo porque es información útil y sale sola del texto.
Un semáforo en ámbar intermitente significa que hay que cruzar con precaución y que mandan las señales de la calle: el ceda el paso, el stop o la prioridad de la derecha. Para un peatón la regla es sencilla: mirar a los dos lados, esperar a que el coche está parado del todo y cruzar mirando al conductor, no al móvil.
El vocabulario que conviene aclarar antes
Cinco palabras del texto que muchos niños han oído sin saber qué son.
Ámbar es el nombre correcto de la luz que casi todos llamamos naranja. Reflectante es lo que devuelve la luz de los faros, no lo que brilla solo. Un operario es quien hace un trabajo manual para una empresa o un ayuntamiento. Parpadear es encenderse y apagarse seguido. Y un cruce es el punto donde se encuentran dos calles.
Escribir lo que el texto no cuenta
Una tarea de expresión escrita que sale directamente de la última frase.
El relato termina con que nadie le dio las gracias. Escribir la nota que Marta podría dejarle al conserje al día siguiente —cinco líneas, con un motivo concreto— obliga a releer buscando qué hizo exactamente. Escribir sobre un texto es la forma más exigente de comprobar que se ha entendido, mucho más que responder a un test.
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«El semáforo estropeado» — Lectura comprensiva 4.º (básico)
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«La carta al alcalde» — Lectura comprensiva 4.º (intermedio)Ir a la ficha →← Anterior: «El invento de Sara» — Lectura interactivaPreguntas frecuentes
¿De qué trata esta lectura?
De una avería en un cruce y de alguien que decide que ese problema también le incumbe. Es un relato breve sobre la iniciativa y la responsabilidad compartida en el barrio.
¿Qué se trabaja con este texto?
La comprensión literal —qué ocurre y en qué orden—, la inferencial —por qué actúa así el protagonista— y la crítica: qué habría hecho el lector en su lugar.
¿Cómo se ayuda a un niño que no entiende lo que lee?
Pidiéndole que lea en voz alta y se detenga al final de cada párrafo para contar con sus palabras qué acaba de pasar. Casi siempre el problema no es de vocabulario, sino de no parar a comprobar si se sigue el hilo.
¿Cuánto debe durar una sesión de lectura comprensiva?
Entre quince y veinte minutos a esta edad. Es preferible un texto corto bien trabajado, con preguntas y comentario, que uno largo leído deprisa.
¿Para qué curso es esta lectura?
Para 4.º de Primaria, nivel básico. Texto narrativo con preguntas de tres niveles y solucionario.
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