Un relato sobre lo que se puede medir cuando el resultado no acompaña.
El equipo de balonmano del colegio perdió los siete primeros partidos de la liga. En el último, el de las Escuelas Pías, encajaron veintiocho goles.
El entrenador no dijo nada en el vestuario. Al día siguiente llegó al entrenamiento con una libreta y les enseñó una lista. En la primera jornada habían perdido dieciséis balones por pases malos. En la séptima, seis. En la primera habían hecho nueve goles; en la séptima, diecinueve.
—Seguís perdiendo —dijo—. Pero no sois el mismo equipo.
Alicia, que jugaba de portera, preguntó para qué servía mejorar si el marcador acababa igual. El entrenador le contestó que las dos cosas no van a la vez: primero se juega mejor y bastante después se empieza a ganar, y que si solo se mira el marcador se abandona justo antes de que llegue.
El octavo partido lo perdieron por dos goles. El noveno lo ganaron. Alicia guardó la libreta y siguió apuntando los balones perdidos ella misma durante el resto del curso.
Responde a las preguntas
Medir el proceso y no solo el resultado
Es la idea central del texto y se aplica mucho más allá del deporte.
En clase pasa igual que en la cancha: la nota es un resultado y llega tarde, mientras que los fallos por ejercicio, las palabras leídas por minuto o los problemas resueltos sin ayuda se mueven mucho antes. Un niño que ve su propia mejora aguanta bastante más que uno que solo ve el número final, y esa diferencia se nota en el segundo trimestre.
Las cifras del texto, ordenadas
Este relato es un ejercicio de lectura de datos disfrazado de historia.
Balones perdidos: dieciséis en la primera jornada, seis en la séptima. Goles a favor: nueve en la primera, diecinueve en la séptima. Ponerlo en una tabla de dos columnas y calcular la diferencia en cada fila convierte el texto en una pequeña actividad de matemáticas con sentido, no un ejercicio suelto.
La pregunta de Alicia está bien hecha
Conviene señalarlo, porque parece la objeción de alguien que se rinde y no lo es.
Preguntar para qué sirve mejorar si el marcador no cambia es una pregunta razonable, y el entrenador no la despacha: la contesta. Enseñar que dudar en voz alta está bien —y que una buena respuesta merece una buena pregunta— vale tanto como el contenido del texto.
Un diálogo dentro del relato
La conversación central da pie a trabajar un rasgo de lengua propio de 5.º.
El texto pasa del estilo directo, con guion y palabras textuales, al estilo indirecto, cuando cuenta lo que el entrenador le contestó. Localizar los dos y reescribir uno en la otra forma es un ejercicio de gramática que aquí tiene un texto detrás, y por eso se entiende mejor que en una lista de frases.
Llevar un registro propio
La actividad que sale del final del relato y que se puede hacer de verdad.
Elegir algo que se quiera mejorar —faltas de ortografía en los dictados, minutos de lectura, tablas acertadas— y anotarlo cada día durante tres semanas en una hoja. Al terminar, mirar la primera semana y la tercera. Casi siempre hay mejora y casi nunca se había notado, que es justo lo que descubre el equipo del texto.
Qué no dice este texto
Conviene aclararlo para que la lectura no se convierta en un tópico.
No dice que esforzarse garantice ganar: el equipo pierde el octavo partido también. Dice que la mejora es real aunque el resultado tarde. Distinguir entre «si te esfuerzas, ganarás» y «si te esfuerzas, mejorarás» es una lectura más fina y más honesta, y en 5.º ya se puede hacer.
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Preguntas frecuentes
¿De qué trata esta lectura?
De un equipo que pierde una y otra vez y de lo que ocurre cuando el resultado deja de ser lo único que cuenta. Es un relato sobre el esfuerzo sostenido y sobre cómo se convive con la frustración.
¿Qué se puede preguntar sobre un texto así?
Preguntas de tres niveles: qué pasó —está escrito—, por qué actuó así un personaje —hay que deducirlo— y qué habrías hecho tú —opinión justificada—. Los tres niveles caben en el mismo relato.
¿Por qué es útil leer historias sobre perder?
Porque perder es frecuente y casi nunca se habla de ello. Un relato permite ponerle palabras a algo que el niño ya ha vivido, y hablarlo desde un personaje resulta mucho más fácil que hablarlo de uno mismo.
¿Cómo se sabe si se ha entendido el texto?
Pidiendo que lo resuma con sus palabras y que señale en qué parte del texto se apoya cada respuesta. Contestar de memoria sin volver al texto es donde se esconden casi todos los errores.
¿Para qué curso es esta lectura?
Para 5.º de Primaria, nivel básico. Trabaja comprensión literal e inferencial sobre un texto narrativo.
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