Este contenido tiene una ventaja que no tiene casi ninguno: se puede comprobar mirando por la ventana, y en otoño se comprueba solo. Por eso conviene darlo entre octubre y noviembre y no en primavera, cuando todos los árboles están verdes y la diferencia es invisible.
Caduca no significa que se muera
Es el malentendido de partida. Un árbol sin hojas en enero parece muerto, y muchos niños lo creen literalmente. Lo que ocurre es lo contrario: está ahorrando.
Las hojas pierden agua todo el rato, y en invierno el suelo está helado o el agua escasea. Mantenerlas sería como dejar un grifo abierto sin poder rellenar el depósito. Así que el árbol las suelta, pasa el invierno en reposo y las vuelve a fabricar en primavera. Es una estrategia, no una enfermedad.
Los de hoja perenne resuelven el mismo problema al revés: hojas pequeñas, duras y cubiertas de una capa cerosa que pierde muy poca agua. Por eso las acículas del pino son finas como agujas. También renuevan sus hojas, pero poco a poco y durante todo el año, así que nunca se quedan desnudos.
Por qué las hojas se vuelven amarillas y rojas
Aquí hay un dato que sorprende: los colores del otoño no aparecen, se destapan. El amarillo y el naranja están en la hoja durante todo el año, escondidos debajo del verde de la clorofila. Cuando el árbol deja de fabricar clorofila para ahorrar, el verde desaparece y quedan a la vista los otros colores.
Los rojos son distintos: esos sí se fabrican en otoño, y por eso varían mucho de un año a otro según el tiempo que haya hecho. A los ocho años la primera parte se entiende sin problema, y explica por qué los árboles no cambian todos a la vez ni de la misma manera.
Cinco árboles y un paseo
El tema se cierra en una tarde de octubre con una libreta. Se eligen cinco árboles del barrio, del parque o del camino al colegio, se dibuja cada uno y se anota la fecha. Se repite el mismo paseo cada dos semanas hasta Navidad.
Lo que aparece en esos dibujos no lo da ninguna ficha: que unos pierden la hoja en tres semanas y otros tardan dos meses, que los que están junto a una farola aguantan más, y que los pinos no cambian nada. Recoger además una hoja de cada uno y pegarla en la libreta convierte el cuaderno en una colección que apetece enseñar.
Los más fáciles de reconocer
De hoja caduca: el plátano de sombra, que es el árbol de casi todas las avenidas españolas y tiene la corteza a manchas; el chopo, alto y estrecho junto a los ríos; el castaño y el roble, con hojas grandes e inconfundibles.
De hoja perenne: el pino y el ciprés, con hojas de aguja; la encina, con hojas pequeñas y pinchudas, que es el árbol más característico del interior peninsular; y el naranjo y el olivo, que tampoco se quedan desnudos.
Qué trae la ficha
Dibujos de un mismo árbol en cuatro estaciones para ordenar, una tabla para clasificar ocho especies conocidas, un apartado sobre por qué cambian de color con hueco para completar, y la plantilla del cuaderno de seguimiento con espacio para cinco árboles y cuatro fechas.
Hay una clave geográfica que ordena todo lo anterior: los árboles de hoja caduca abundan donde el invierno es frío y húmedo, y los de hoja perenne dominan donde el problema es la sequía del verano. Por eso el norte peninsular está lleno de robles y hayas, y el interior y el sur, de encinas y pinos. Mirar un mapa de España con esa pista convierte una clasificación de dos columnas en una explicación del paisaje que el niño ve al viajar.
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Si toca repasar el área entera
Cuando los árboles de hoja caduca y perenne ya se ha trabajado, toca mirar qué viene después.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué algunos árboles pierden la hoja?
Para ahorrar agua. Las hojas la pierden continuamente, y en invierno cuesta reponerla porque el suelo está helado o llueve poco. El árbol no está muerto: está en reposo y las volverá a fabricar.
¿Los de hoja perenne no cambian nunca las hojas?
Sí las cambian, pero poco a poco durante todo el año, así que nunca se quedan desnudos. Sus hojas son pequeñas y duras, con una capa cerosa que pierde muy poca agua.
¿Por qué las hojas se vuelven amarillas?
Porque el amarillo ya estaba ahí, tapado por el verde de la clorofila. Al dejar de fabricarla en otoño, el verde desaparece y se destapa el otro color. Los rojos, en cambio, sí se fabrican en otoño.
¿Cuándo conviene trabajar este tema?
Entre octubre y noviembre, cuando el cambio se está produciendo y se puede ver desde la ventana. En primavera todos los árboles están verdes y la diferencia no se aprecia.
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