Este contenido corre el riesgo de quedarse en cinco palabras memorizadas: emisor, receptor, mensaje, canal y código. Sirven de poco sueltas. Cobran sentido cuando se usan para averiguar por qué ha fallado una comunicación que no ha funcionado, que es para lo que existen.
Los cinco elementos, con un ejemplo que se ve
Imaginad un mensaje de móvil que un niño envía a su abuela. El emisor es él, quien manda. El receptor es la abuela, quien recibe. El mensaje es lo que dice. El canal es el móvil, el camino físico por donde viaja. Y el código es el idioma en que está escrito.
Falta uno que muchos libros añaden y que ayuda: el contexto, la situación en la que ocurre todo. «Ya está aquí» significa cosas distintas según quién lo diga y cuándo.
El emisor y el receptor se intercambian
Es lo que más cuesta y lo que más se falla en el examen. En una conversación, quien habla es emisor solo mientras habla; en cuanto el otro responde, los papeles se cambian. No son etiquetas fijas pegadas a las personas: son papeles que se ocupan por turnos.
Y hay comunicaciones donde eso no pasa. Al ver la televisión o leer un cartel, el receptor no puede responder por el mismo camino. Distinguir los dos casos —comunicación con turno y sin turno— es lo que da sentido a la clasificación.
Buscar el fallo, que es lo que enseña
Aquí está la parte útil del tema. Cuando alguien no entiende algo, casi siempre ha fallado uno de los cinco elementos, y se puede identificar cuál:
Falla el canal si hay ruido, se corta la llamada o la letra está borrosa. El mensaje era correcto pero no llegó entero.
Falla el código si el receptor no conoce el idioma o las palabras. Un médico que habla con términos técnicos a un paciente está usando un código que el otro no maneja.
Falla el mensaje si es ambiguo o incompleto. «Nos vemos mañana» sin decir dónde ni a qué hora.
Falla el contexto si al receptor le falta información previa que el emisor daba por sabida.
Con esos cuatro casos delante, se pueden analizar situaciones reales, y ahí el tema deja de ser vocabulario y se convierte en una herramienta. Preguntar a un alumno por la última vez que no le entendieron y pedirle que averigüe qué falló da conversaciones sorprendentemente buenas.
Comunicación sin palabras
No todo el código es idioma. Un semáforo comunica con colores, una sirena con sonido, una señal de tráfico con dibujos, y una persona con la cara y las manos. Todos ellos tienen emisor, receptor, mensaje, canal y código.
Señalarlo evita que el alumno asocie comunicación con hablar. Y permite una actividad estupenda: transmitir un mensaje sencillo sin usar palabras, solo con gestos, y comprobar después si llegó lo que se quería. Cuando no llega, la pregunta vuelve a ser la misma: ¿qué elemento ha fallado?
Merece la pena aprovechar un tipo de mensaje que los alumnos usan a diario y que ilustra el tema mejor que ninguno: los mensajes escritos de móvil. Ahí falta el tono de voz y falta la cara, así que el mismo texto puede leerse como una broma o como un enfado. Por eso aparecieron los emojis, que son un añadido al código para recuperar algo de lo que se perdía. Comentarlo en clase da mucho juego y no hace falta ningún material.
Qué trae la ficha
Seis situaciones distintas —una llamada, un cartel, un semáforo, una carta, un anuncio y una conversación— con una tabla para identificar los cinco elementos en cada una; cuatro casos de comunicación fallida para decidir qué elemento no funcionó; un apartado para distinguir las situaciones donde emisor y receptor se turnan de aquellas donde no; y un espacio final para describir una comunicación propia que salió mal y explicar por qué.
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Preguntas frecuentes
¿El emisor es siempre la misma persona?
No. En una conversación los papeles se intercambian: quien habla es emisor mientras habla, y pasa a receptor en cuanto el otro responde. No son etiquetas pegadas a las personas.
¿Qué diferencia hay entre canal y código?
El canal es el camino físico —el aire, el papel, el móvil— y el código es el sistema de signos, normalmente el idioma. Si hay ruido falla el canal; si no se entienden las palabras, el código.
¿Hay comunicación sin palabras?
Sí. Un semáforo, una señal de tráfico o un gesto tienen los cinco elementos igual que una frase. El código puede ser de colores, de sonidos o de dibujos.
¿Para qué sirve estudiar los elementos?
Para averiguar por qué ha fallado una comunicación. Casi siempre falla uno de los cinco, y saber cuál permite arreglarlo: repetir, cambiar de palabras o dar el dato que faltaba.
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