
Un prospecto no se lee: se consulta. Nadie lo empieza por la primera línea y lo termina por la última; se va directo al apartado que contesta la pregunta que uno tiene. Esa forma de leer se llama lectura de consulta, no se parece a ninguna otra y prácticamente no se trabaja en clase, aunque es la que más se usa fuera de ella. Esta ficha de comprensión lectora para 2.º de ESO la entrena con un prospecto y una etiqueta de alimento.
Leer la pregunta antes que el texto
Es el único tipo textual donde esto se recomienda. Como el documento está organizado en apartados fijos, saber qué se busca lleva directamente al sitio correcto y ahorra el resto. La ficha no solo pide la respuesta: pide indicar en qué apartado se ha encontrado, que es la competencia específica de este texto.
El orden de los ingredientes ya es información
La lista va de mayor a menor cantidad. Si el azúcar aparece en segundo lugar, hay más azúcar que casi todo lo demás, y eso se sabe sin mirar un solo número. Es un dato único y cambia por completo la forma de leer cualquier envase, así que la ficha lo convierte en ejercicio y lo vuelve a usar en la pregunta final sobre las galletas.
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Comprensión lectora: el prospecto y las etiquetas. Fichas de 2.º de ESO
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Caducidad y consumo preferente no son lo mismo
La primera marca un riesgo para la salud; la segunda, una pérdida de calidad. Confundirlas lleva a tirar comida en buen estado o, peor, a comer algo que no se debe. La ficha lo pregunta pidiendo la explicación con palabras propias, porque es una distinción que hay que poder decir, no solo reconocer.
Vocabulario técnico que no se puede sustituir
Posología, contraindicación, vía de administración, excipiente, trazas. Son cinco palabras y aprenderlas es lo que permite leer un prospecto con autonomía. Junto a ellas están las fórmulas graduadas —frecuentes, poco frecuentes, raros—, que no son adjetivos vagos sino categorías con un porcentaje detrás, y la ficha las usa para una pregunta de verdadero o falso.
Calcular con lo que pone el envase
Cuántos miligramos suponen tres dosis, cuánto azúcar lleva una galleta de doce gramos y medio, cuánta sal hay en tres galletas. Son operaciones sencillas y el valor está en otra parte: en decidir si los datos del documento bastan para contestar. Esa pregunta —¿tengo lo que necesito?— casi nunca se hace en clase y es la primera que aparece en la vida real.
El frontal del envase y la etiqueta de atrás
El reto propone ordenar tres productos de la cocina por su contenido de azúcar y comprobar si el más anunciado como saludable es el que menos lleva. Suele no serlo, porque los reclamos del frontal no están regulados igual que la tabla nutricional. Saber leer la de atrás es toda la diferencia, y se aprende haciéndolo una vez.
Otros textos de uso cotidiano
Está muy cerca de el texto instructivo de 1.º de ESO, que es la puerta de entrada, y complementa el texto divulgativo, donde la información técnica aparece explicada en lugar de tabulada.
Preguntas frecuentes
¿Los documentos de la ficha son productos reales?
No. El prospecto y la etiqueta están inventados para la ficha, con datos verosímiles y coherentes entre sí, y así se indica en el propio texto. Ningún ejercicio depende de un producto concreto del mercado.
¿Se trabaja también la parte de cálculo?
Sí, hay tres preguntas que exigen operar con los datos del documento. Son operaciones de aritmética básica: lo que se evalúa es la lectura, no el cálculo.
¿Para qué edades es adecuada?
Está pensada para 2.º de ESO, alrededor de los trece o catorce años, que es cuando muchos empiezan a tomar decisiones de este tipo por su cuenta. Funciona igual de bien en 3.º como repaso.
Hay más material en comprensión lectora de 2.º de ESO y en la página del curso.
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