Las historias sociales para TEA son textos muy cortos que cuentan por adelantado qué va a pasar en una situación concreta, qué se espera de mí y qué puedo hacer si algo sale distinto. Se escriben en primera persona, en positivo y antes de que la situación ocurra. Esto último es lo que más se incumple: se recurre a ellas después del conflicto, cuando ya solo pueden leerse como un reproche.
Esta ficha no propone leer historias sociales hechas, sino aprender a escribirlas. Redactarlas es una habilidad, tiene reglas concretas y se puede enseñar en una sesión.
Qué distingue una historia social de una norma
Una norma dice lo que no se puede hacer y la formula otro. Una historia social describe una escena completa desde dentro: dónde estoy, qué pasa, qué hago y qué siento. Ese cambio de punto de vista es la razón de que se escriba en primera persona. En segunda persona suena a orden ajena; en primera, a plan propio, y un plan propio se puede ensayar.
De ahí también que se redacte en positivo. «No grites en la biblioteca» no contiene ninguna acción ejecutable: es una prohibición, y una prohibición no dice qué hacer con el cuerpo en ese momento. «En la biblioteca hablo bajito» sí. La ficha dedica una pregunta entera a hacer esa conversión, porque es donde más se atasca quien empieza a escribirlas.
La frase de salida, que casi nunca aparece
Muchas historias sociales describen bien el guion previsto y se detienen ahí. El problema es que el guion previsto no siempre se cumple, y justo el momento en que se rompe es el que necesitaba estar cubierto. Por eso conviene que toda historia incluya una frase de salida, del tipo «si me pasa esto, yo puedo…».
En el recreo, por ejemplo, no basta con «juego con mis compañeros»: hace falta añadir qué puedo hacer si hoy quieren jugar a otra cosa. Esa frase es la que convierte un texto descriptivo en una herramienta.
Cuidado con los absolutos
Hay un fallo que puede volver la historia social en contra de quien la usa: escribir certezas que la realidad va a desmentir. «El autobús llega a las ocho» crea una expectativa rígida, y el día que llegue a las ocho y diez la historia habrá contribuido al disgusto en lugar de amortiguarlo.
La versión que aguanta es «el autobús suele llegar sobre las ocho; a veces llega un poco más tarde y no pasa nada». Sigue anticipando, pero deja sitio a la variación. Es la última pregunta de la ficha y probablemente la que más enseña de todas.
Cuándo y cuántas veces se lee
Una historia social se lee varias veces en los días previos, con calma y sin dramatizar. Leerla a la puerta del cumpleaños, cinco minutos antes de entrar, ya no anticipa nada. Tres lecturas repartidas en tres días valen más que diez seguidas la misma tarde.
Después de la situación, si ha ido bien, se relee para consolidar; si ha ido mal, se revisa qué frase faltaba. Casi siempre falta la salida.
Con qué combinarla
Las historias sociales funcionan mejor apoyadas en material que trabaje lo que hay debajo: reconocer emociones, saber qué se hace en un conflicto, entender qué espera el otro. En el sitio tienes las fichas de emociones básicas y de resolver conflictos, y en la sección de inclusión, el resto de la serie para alumnado con TEA.
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Historias sociales para TEA: PDF y ejemplos
En PDF, lista para imprimir en A4.
Descargar PDFSon cuatro páginas imprimibles con ocho actividades, la hoja de registro para el adulto y un solucionario que explica el porqué de cada respuesta. Aquí puedes descargar la ficha de historias sociales en PDF.
Preguntas frecuentes
¿Quién debe escribir las historias sociales para TEA?
Idealmente, el adulto y el niño juntos. Escritas solo por el adulto informan; escritas a medias se convierten en un plan compartido, y además revelan qué parte de la situación el niño ni siquiera había registrado.
¿Cuántas frases debe tener?
Entre cuatro y ocho. Si se alarga, deja de leerse entera y pierde el efecto. Cuando una situación pide mucho texto, casi siempre es que hay dos situaciones distintas y conviene separarlas en dos historias.
¿Sirven también para adolescentes?
Sí, cambiando el registro. En Secundaria funcionan mejor en formato de guion breve o de lista de pasos que como cuento, pero la estructura —qué pasa, qué hago, qué puedo hacer si cambia— se mantiene igual de útil.

