Un niño que se tapa los oídos en el comedor y otro que no para de chocarse con todo parecen casos opuestos, y en el fondo son el mismo asunto: la información de los sentidos les llega con una intensidad distinta a la del resto. A uno le sobra y a otro le falta, y cada caso se resuelve exactamente al revés que el otro.
Esta hoja no da una puntuación total
Y es deliberado. Sumar los dieciséis enunciados y sacar un número no serviría de nada, porque un mismo niño puede tener demasiada sensibilidad en un canal y muy poca en otro. Lo que hace la hoja es sumar dos bloques por separado y compararlos:
- Ocho enunciados de cuando sobra: ruidos, luz, etiquetas, texturas de comida, que le toquen sin avisar.
- Ocho de cuando falta: moverse sin parar, chocar a propósito, buscar abrazos fuertes, morder objetos, apretar el lápiz, no notar que se ha hecho daño.
La pregunta que ordena la respuesta
Ante cada reacción, pregúntate una sola cosa: ¿está evitando algo o está buscándolo? Evitar pide reducir el entorno: avisar de lo que viene, cascos en el comedor, sitio lejos de la puerta, menos cartelería en la pared de delante. Buscar pide justo lo contrario: darle una vía aceptable, como un recado, llevar algo pesado o una pelota que apretar. Confundir las dos es lo que hace que las medidas no funcionen.
Dónde ocurre importa más que cuánto
Antes de generalizar, anota durante una semana en qué momento y en qué sitio aparece cada reacción. Si solo pasa en el comedor, el trabajo está en el comedor. El patrón suele saltar a la vista en tres o cuatro días y ahorra semanas de medidas que no venían al caso.
Un aviso que conviene leer
Existen programas que prometen «integrar» los sentidos y con ello mejorar el aprendizaje o la conducta. La evidencia de que eso ocurra es débil. Lo que sí funciona, y está al alcance de cualquier familia y de cualquier aula, es adaptar el entorno y ofrecer formas aceptables de regularse. Empieza por ahí y desconfía de lo que prometa más.
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Qué anotar durante una semana
La hoja gana muchísimo si se acompaña de un registro corto de siete días. No hace falta nada elaborado: una hoja partida en tres columnas donde apuntar cuándo, dónde y qué pasó justo antes. Con tres o cuatro anotaciones al día basta.
El patrón casi siempre salta a la vista antes del jueves, y suele ser más concreto de lo que se esperaba: no es «el colegio», es la media hora del comedor; no es «la ropa», es el jersey de cuello alto. Cuanto más concreto sea el disparador, más fácil es quitarlo de en medio.
Lo que empeora las cosas
Obligar a tolerar el estímulo «para que se acostumbre» suele aumentar la alerta en lugar de rebajarla. Tampoco ayuda tratar la reacción como un capricho delante de los demás. Y conviene no confundirla con desobediencia: un niño desbordado no está eligiendo, y castigarlo por ello enseña miedo, no autorregulación.
Preguntas frecuentes
¿Un perfil sensorial marcado significa autismo?
No. Las diferencias sensoriales son muy frecuentes en el autismo, pero también aparecen en niños sin ningún diagnóstico. Si quieres profundizar, en perfil sensorial está explicado con más detalle.
¿Y si le salen altos los dos bloques?
Es lo más frecuente y no es contradictorio. Ahí toca mirar canal por canal en vez de en conjunto: casi siempre le sobra en uno o dos y le falta en otros.
¿Se le pasará con la edad?
Suele suavizarse, y sobre todo se aprende a gestionarlo. Un adolescente sabe salir de la sala o ponerse los cascos; un niño de siete años no, y por eso necesita que el adulto lo anticipe por él.

