Un cuento de dos páginas para primero de Primaria, con frases cortas y una idea sencilla debajo: el farol que tarda en encenderse no está estropeado, está mirando si ya está todo en su sitio.
Lee el cuento
En la plaza del pueblo había siete faroles.
Seis se encendían a la vez, todos juntos, en cuanto se iba el sol.
El séptimo no.
El séptimo tardaba un poco. Parpadeaba una vez, dos veces, tres veces, y por fin se quedaba encendido.
—Ese farol está roto —decía la gente al pasar.
Pero el farol no estaba roto. El farol miraba.
Miraba si ya había llegado el gato blanco que dormía debajo.
Miraba si la señora del banco verde se había ido a casa.
Miraba si quedaba algún niño en el tobogán.
Y cuando ya estaba todo en su sitio, entonces sí, se encendía.
Una noche de invierno vino un hombre con una escalera.
—Vengo a arreglar el farol que parpadea —dijo.
El gato blanco se despertó.
La señora del banco verde levantó la cabeza.
Y un niño que estaba en el tobogán bajó corriendo.
—¡No está roto! —dijo el niño—. Es que mira antes.
El hombre de la escalera se quedó pensando.
Miró el farol. Miró al gato. Miró a la señora. Miró al niño.
Después dobló la escalera y se fue a su casa.
Aquella noche el farol parpadeó una vez, dos veces, tres veces.
Y se encendió, como siempre, cuando ya estaba todo en su sitio.
Por qué las frases son tan cortas
A los seis años la frase larga se pierde por el camino. No porque no se entiendan las palabras, sino porque cuando llega el final ya se ha olvidado el principio. Aquí casi ninguna frase pasa de una línea y media, y las que se repiten —«miraba si…», tres veces seguidas— están puestas a propósito: la repetición es lo que permite leer con ritmo cuando todavía cuesta descifrar.
Lo que pasa al final no se explica
El hombre de la escalera dobla la escalera y se va. Nadie dice por qué. Es el único hueco del cuento y está dejado adrede, porque a esta edad ya se puede deducir algo pequeño sin que nadie lo señale con el dedo.
Si el niño pregunta «¿y por qué se fue?», la respuesta correcta es devolverle la pregunta. Suele contestarla él solo.
Un cuento de veintiuna frases
El texto entero cabe en veintiuna frases, y ninguna necesita que el adulto pare a explicar una palabra. Esa es la única exigencia que se le puso: que un niño de seis años pudiera llegar al final sin ayuda, aunque tardara.
Lo que no es sencillo es la idea. Un farol que se toma su tiempo y al que todo el mundo da por estropeado da bastante juego si el niño se para a pensarlo, y a algunos les recuerda a alguien. No hace falta forzar esa conversación: si aparece, aparece.
Cómo leerlo
La primera vez, léelo tú en voz alta y que él siga con el dedo. La segunda, que lea él los diálogos, que son las líneas que empiezan por raya y las que mejor salen. A partir de la tercera ya lo hace solo, y probablemente lo pida.
Releer el mismo cuento varias veces no es perder el tiempo: a los seis y siete años es justo lo que convierte la lectura trabajosa en lectura fluida.
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Preguntas frecuentes
¿Este cuento lleva preguntas de comprensión?
No, y es deliberado. Está en la sección de cuentos para leer por gusto. Si buscas lectura con preguntas y solucionario, eso está en comprensión lectora de 1.º.
¿Sirve para 2.º de Primaria?
Sí, para quien todavía lee despacio. Si ya lee con soltura, se le quedará corto y encajará mejor La llave que no abría nada.
¿Se puede usar en clase?
Sí. Funciona bien como lectura en voz alta compartida, repartiendo las líneas de diálogo, y no hace falta trabajarlo después.
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