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Cambios e imprevistos en TEA: ficha en PDF

Portada de la ficha Cuando el plan cambia, material de inclusión para alumnado con TEA
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La rigidez ante los cambios e imprevistos en TEA no se corrige a base de cambios sorpresa. Esa es la intuición más frecuente y la que peor funciona: someter a alguien a lo que le desborda no genera tolerancia, genera desconfianza. El camino que sí funciona va al revés. Primero se avisa mucho, después se avisa un poco menos, y solo al final se practica el imprevisto, cuando ya existen recursos para manejarlo.

La idea que hay que instalar es sencilla y muy potente: todo plan tiene un plan B. Y el plan B se piensa mientras el plan A funciona, no cuando ya se ha roto.

Escribir los dos planes desde el principio

Decir el lunes por la mañana «si llueve, el recreo es en clase» cuesta diez segundos y evita el disgusto del martes. La alternativa deja de ser una mala noticia y pasa a ser una de las dos opciones previstas, que es una diferencia enorme desde dentro.

La ficha empieza con tres parejas de planes muy cotidianas para que el niño escriba el B de cada una. No importa si coincide con el que tenía pensado el adulto: importa que sea realista y que exista.

Lo que cambia y lo que sigue igual

Cuando falta la profesora, la sensación es que el día entero se ha descolocado. Al enumerarlo, aparece otra cosa: cambian una o dos cosas y siguen igual el horario, los compañeros, el sitio, el recreo, la hora de salida. La lista de lo que permanece es siempre mucho más larga.

Hacer ese recuento en voz alta cada vez que hay un imprevisto es probablemente la intervención de mayor rendimiento de toda la ficha, y no cuesta nada. Ver que el cambio ocupa una esquina del día y no el día entero desactiva buena parte de la reacción.

No todos los cambios pesan lo mismo

Cambiar de sitio en clase y cambiar de colegio no son comparables, pero reaccionar a los dos con la misma intensidad es agotador para quien lo vive y para quien está al lado. Poner los cambios en una escala del 1 al 5 ayuda a graduar.

Esa escala es personal y no se corrige. Su valor está en que el adulto vea qué considera insoportable el niño, que muy pocas veces coincide con lo que se suponía, y en que el niño empiece a distinguir un cambio de 1 de un cambio de 5.

Esperar es una tarea, no un vacío

«Espera diez minutos» es una instrucción incompleta. Esperar sin nada que hacer es precisamente la parte difícil de la espera, y por eso se prepara: mirar la partida, contar los turnos que faltan, preparar lo siguiente, tener algo concreto entre las manos.

Y queda el caso peor, el que la ficha no esquiva: he esperado y al final el plan no se hace. Ahí se acepta el enfado, que es una reacción legítima; lo que se trabaja es que ese enfado no se lleve por delante el resto de la tarde. Pedir cuándo se hará, o cambiar a otro plan, son respuestas que se pueden ensayar antes de necesitarlas.

El cambio elegido entrena igual que el impuesto

El reto final propone elegir un cambio pequeño y hacerlo a propósito: sentarse en otro sitio, alterar el orden de los deberes, ir por otra calle. Entrena exactamente lo mismo que un imprevisto real, pero sin el susto y con el control en su mano. Es la forma más amable de empezar.

Si el cambio suele acabar en explosión, conviene trabajar en paralelo qué hago cuando me enfado y la frustración y el esfuerzo. Todas las fichas de la serie están en la sección de inclusión.

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Cambios e imprevistos en TEA: ficha en PDF

En PDF, lista para imprimir en A4.

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Cuatro páginas imprimibles con ocho actividades, la escala de cambios, el reto del cambio elegido, la hoja de registro y el solucionario razonado. Puedes descargar la ficha de cambios e imprevistos en PDF.

Preguntas frecuentes

¿Por qué le afectan tanto los cambios a un niño con TEA?

Porque la previsibilidad es lo que hace manejable un entorno que ya le llega con mucha información. Cuando el plan cambia, se pierde el marco que ordenaba el resto, y la reacción no es a la novedad en sí, sino a quedarse sin referencias.

¿Está bien avisar de un cambio con mucha antelación?

Sí, siempre que el aviso vaya acompañado del plan alternativo. Avisar de que algo va a cambiar sin decir por qué se sustituye multiplica la ansiedad en lugar de reducirla.

¿Y cuando el imprevisto no se puede anticipar?

Ahí entra la rutina de emergencia: una frase fija para calmarse, el recuento de lo que sigue igual y una actividad conocida a la que agarrarse. No evita el mal rato, pero acorta mucho su duración.

Maestro Mateo
Escrito por
Maestro de Educación Primaria con la especialidad de Inglés y más de quince años de aula. En Refuerzo Educativo se ocupa del material de idiomas y de la parte de evaluación: pruebas iniciales, solucionarios y hojas de registro.

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