El pronombre se presenta en 3.º como «la palabra que sustituye al nombre», y la definición es correcta pero no explica lo único que importa: para qué sirve sustituirlo.
La prueba de quitar los pronombres
Es el ejercicio que hace que el tema se entienda en un minuto. Se coge un párrafo y se sustituye cada pronombre por el nombre al que se refiere:
«Ana cogió la mochila de Ana, Ana se puso el abrigo de Ana y Ana salió de casa de Ana».
Se lee en voz alta y la clase se ríe sola. Sin explicar nada más, ya han entendido que el pronombre evita repetir, que es a lo que sirve de verdad.
El que confunde: el que no se ve
En español el sujeto puede desaparecer —«comí», «fuimos»— y ahí hay un pronombre que no está escrito pero se sabe quién es por la terminación del verbo.
No hace falta llamarlo sujeto elíptico en 3.º, pero sí conviene señalarlo, porque es la primera vez que se ven las caras con una idea que aparecerá mucho: en una frase puede haber información que no está escrita.
Qué trae la ficha
- Los pronombres personales, en singular y plural.
- Sustituir nombres por pronombres en oraciones.
- Identificar a quién se refiere cada pronombre de un texto.
- Reescribir un párrafo repetitivo usando pronombres.
- Distinguir el nombre del pronombre en una lista.
Un error que conviene atajar
Al pedirles que sustituyan, muchos escriben él o ella sin comprobar de quién hablaban, y el texto se vuelve confuso: si hay dos personas, un «él» no se sabe a quién señala. Preguntarles «¿él quién?» después de cada frase corrige el hábito enseguida.
Los que señalan sin nombrar
Además de los personales, en 3.º aparecen sin nombrarlos otros pronombres que se usan a diario: este, ese, aquel, mío, tuyo.
Tienen algo en común que los hace interesantes: solo funcionan si sabes de qué se está hablando. Si alguien dice «dame ese» por teléfono, no hay manera de entenderlo; dicho delante de la mesa, se entiende sin más.
Es una buena forma de introducir por qué los textos escritos necesitan más precisión que hablar: al escribir no está el objeto delante, ni se puede señalar con el dedo.
El pronombre pegado al verbo
En español hay pronombres que se escriben unidos al verbo —dámelo, cómprate, vestirse— y en 3.º ya se topan con ellos al escribir.
No hace falta analizarlos, pero sí darse cuenta de que ahí dentro hay más de una palabra: en dámelo están el verbo, a quién se lo doy y qué le doy, todo junto.
Verlo evita dos errores habituales: separarlos al escribir —«da me lo»— y perder la tilde que aparece justo por juntarlos. Y de paso explica por qué algunas palabras larguísimas del español son en realidad varias palabras pegadas.
El pronombre evita repetir
Es lo que hace y por eso existe: sustituye a un nombre que ya se ha dicho, para no tener que repetirlo.
Se ve mejor con un texto sin pronombres: «Ana cogió la mochila de Ana y Ana se fue». Suena ridículo, y arreglarlo es exactamente para lo que sirven: «Ana cogió su mochila y se fue».
- Yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros, ellos: personales.
- Me, te, se, lo, la, le: también son pronombres, aunque no lo parezcan.
Los del segundo grupo son los que cuestan, porque son palabras cortas que pasan desapercibidas. La prueba: si se puede sustituir por un nombre, es un pronombre. En «lo vi», ese lo puede ser el perro, el coche o a Juan.
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El pronombre y el nombre — Lengua 3.º Primaria (PDF)
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¿Cómo se explica para qué sirve un pronombre?
Quitando los pronombres de un párrafo y leyéndolo en voz alta: «Ana cogió la mochila de Ana, Ana se puso el abrigo de Ana». Se entiende solo.
¿Por qué a veces no aparece el pronombre?
Porque en español el sujeto puede desaparecer: en «comí» se sabe quién por la terminación del verbo. No hace falta nombrar el sujeto elíptico en 3.º.
¿Cuál es el error más frecuente?
Escribir «él» o «ella» sin comprobar de quién se hablaba. Preguntar «¿él quién?» después de cada frase lo corrige.
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