El 8 de septiembre de 2026 se han publicado los resultados de PISA 2025, y el titular es el que ya conoces: España firma sus peores marcas desde que participa en la evaluación. Antes de seguir conviene decir una cosa que casi ningún titular aclara: PISA examina a chicos de quince años, no a niños de Primaria. Y sin embargo, si hay una etapa donde esos resultados se pueden cambiar, es precisamente esta. La comprensión lectora en Primaria es el terreno donde se decide buena parte de lo que PISA mide seis o siete años después.
Los números, sin dramatismo y sin edulcorar
España obtiene 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Los tres quedan por debajo de la media de la OCDE, que se sitúa en 461, 463 y 482 respectivamente. Comparado con la edición de 2022, el alumnado español pierde 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias. Si se mira una década atrás, desde 2015, la caída en lectura es de unos 45 puntos.
No es un problema exclusivamente español. En el conjunto de la OCDE la lectura ha bajado 28 puntos desde 2015, lo que la propia organización traduce en algo así como curso y medio de aprendizaje perdido. Y el dato que más me inquieta: uno de cada cinco alumnos de quince años está en el nivel bajo a la vez en lectura, matemáticas y ciencias, cuando en 2022 era uno de cada seis.
La prueba la hicieron unos 760.000 estudiantes de alrededor de noventa países, unos 30.000 de ellos en España. Es una foto seria, con una muestra grande. Lo que no es, y esto conviene repetirlo, es una foto de tu hijo ni de tu clase.
Lo que PISA mide no se aprende a los quince
Merece la pena entender qué pregunta PISA en la parte de lectura, porque no es lo que mucha gente imagina. No se evalúa si el alumno lee rápido, ni si recuerda el argumento. Se le da un texto que no ha visto nunca —un correo, un gráfico con su explicación, un artículo, a veces dos textos que se contradicen— y se le pide que localice un dato, que deduzca algo que no está escrito, que interprete una expresión y que valore si la fuente es fiable.
Eso no es una destreza que aparezca de golpe en la ESO. Es un hábito que se construye desde que un niño de siete años empieza a responder preguntas sobre lo que acaba de leer. Un alumno que en 4.º de Primaria contesta siempre copiando la frase del texto, sin haber tenido que explicar nunca de dónde saca la respuesta, llega a los quince años sin la herramienta que PISA le va a pedir. No porque sea peor lector: porque nadie se la ha enseñado.
Los cuatro niveles de pregunta que casi nunca se hacen en casa
Esta es, para mí, la parte accionable del informe. Cuando en casa se pregunta después de leer, casi siempre se pregunta en un solo nivel: «¿qué le pasaba al protagonista?». Es una pregunta de localizar. Está bien, pero se queda corta. Hay cuatro niveles, y el salto de dificultad entre el primero y el segundo es justo donde se atasca la mayoría:
- Localizar. La respuesta está escrita en el texto. Solo hay que encontrarla. Si aquí falla, no es un problema de comprensión: es que no ha leído con atención.
- Deducir. La respuesta no está, pero se desprende de juntar dos pistas. «¿Por qué crees que no dijo nada?» Este es el nivel que se atraganta.
- Interpretar el lenguaje. Qué significa esa palabra en esa frase. No vale el diccionario: vale el contexto.
- Valorar. Qué opinas y, sobre todo, por qué. Aquí no hay respuesta correcta, pero sí respuestas mal justificadas.
Si tuviera que quedarme con una sola herramienta de todo este artículo, sería una pregunta de cuatro palabras: «¿de dónde lo sacas?». Hacerla después de cada respuesta, aunque la respuesta sea correcta, obliga al niño a volver al texto y a justificarse. Enseña más comprensión lectora que veinte fichas seguidas.
Las pantallas: lo que dice el informe y lo que se le ha añadido
Muchos titulares de hoy han resumido el informe como «las pantallas hunden la lectura». El matiz importa, porque lo que la OCDE describe es algo más fino: el uso moderado de dispositivos digitales para aprender aparece asociado a mejores resultados, mientras que el uso excesivo y la distracción digital se asocian a peores. No es la pantalla: es cuánta, para qué y con cuántas interrupciones.
La OCDE sí señala, en cambio, una coincidencia difícil de ignorar: más tiempo de pantalla, menos lectura por placer y peores resultados en lectura caminan juntos en estos diez años. Correlación, no una causa demostrada. Pero cuando tres curvas van en la misma dirección durante una década, conviene al menos mirarlas.
Leer por gusto no es el adorno, es la base
De todo lo que ha caído en estos diez años, lo que más me preocupa como maestro no es un número: es el porcentaje de chicos que dicen que no leen por placer nunca. Un niño que solo lee lo que le mandan acumula muchas menos horas de lectura que uno que además lee por su cuenta, y esas horas son las que construyen vocabulario y velocidad, que son a su vez las que liberan atención para entender.
La consecuencia práctica es incómoda para quienes trabajamos con fichas: ninguna cantidad de ejercicios sustituye a un niño que quiere leer. Las fichas sirven para entrenar lo que no sale solo —los cuatro niveles de pregunta, sobre todo el segundo—, pero el combustible es otro. Por eso en el sitio conviven las dos cosas: material para trabajar y cuentos para leer por gusto, sin cuestionario detrás.
Por dónde empezar esta semana, sin montar un plan de estudios
Tres cosas concretas, en orden de esfuerzo:
Una. Elige una lectura del curso que le corresponda y hazla con él, en veinte minutos, con las cuatro preguntas de los cuatro niveles. Tenemos lecturas comprensivas de 1.º a 6.º de Primaria en PDF, gratuitas y listas para imprimir, organizadas por curso.
Dos. Fíjate en dónde falla, no en cuántas acierta. Si el fallo cae siempre en la misma columna —casi siempre, deducir—, ahí está el trabajo. Si está repartido, va bien: son despistes, no un hueco.
Tres. Deja que elija lo que lee por su cuenta, aunque te parezca poca cosa. Sobre esto escribí hace tiempo cinco ideas para trabajar la comprensión lectora en casa que siguen valiendo, y que hoy vienen especialmente al caso.
Si prefieres algo que se corrija solo en pantalla y sin imprimir nada, el juego de comprensión lectora hace exactamente esas preguntas y da la respuesta comentada al momento.
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Preguntas frecuentes
¿Los resultados de PISA 2025 afectan a la comprensión lectora en Primaria?
No directamente: PISA evalúa a alumnos de quince años, ya en la ESO. Pero mide destrezas que se construyen durante toda la Primaria, así que es en estos cursos donde se puede influir. Dicho de otro modo: los chicos evaluados en 2025 estaban en 3.º o 4.º de Primaria en 2019.
¿Mi hijo va mal si le cuesta entender lo que lee?
Que le cueste deducir o justificar no es un indicador de nada preocupante por sí solo; es lo normal a los nueve o diez años, y es exactamente lo que hay que entrenar. Otra cosa es que le cueste descifrar las palabras, leer en voz alta o que evite leer sistemáticamente: en ese caso conviene hablarlo con su tutor y, si procede, con el orientador del centro.
¿Cuánto hay que leer al día para que se note?
Quince o veinte minutos diarios rinden mucho más que hora y media el domingo. La comprensión mejora por acumulación y por regularidad, no por sesiones largas. Y no hace falta que sean siempre lecturas con preguntas: la mitad de ese rato puede ser lectura libre.
Fuentes
- OCDE, nota de prensa de los resultados de PISA 2025 (8 de septiembre de 2026).
- OCDE, PISA 2025 Results (Volume I).
- Datos de España recogidos por Euronews y El Español el 8 de septiembre de 2026.
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