La tarde de deberes con TDAH casi nunca se atasca en el contenido. Se atasca antes: en decidir por dónde empezar, en encontrar el material, en volver a la silla después de la primera interrupción. Cuando la ayuda se pone en explicar el ejercicio, se está reforzando la parte que normalmente funciona y dejando sin cubrir la que falla.
Esta ficha trabaja lo que rodea a la tarea, que es donde se pierde el tiempo y donde se generan casi todos los conflictos de la tarde.
La lista se escribe antes de empezar
Escribir todo lo que hay que hacer, una cosa por línea, parece un trámite innecesario cuando son tres tareas. No lo es. Lo que no está escrito deja de existir en cuanto llega el cansancio, y las tareas pequeñas que se dan por sabidas son justo las que aparecen a las nueve de la noche.
Además, una lista escrita permite tachar, y tachar convierte «lo que queda» en algo visible. Sin lista, la tarde no tiene final a la vista.
Empezar por la corta, no por la difícil
El consejo clásico de quitarse primero lo peor funciona mal en TDAH, porque el problema no es el esfuerzo sostenido, es el arranque. Una tarea terminada pronto da el impulso que hace falta para entrar en la siguiente, y ese impulso vale más que el orden lógico.
La ficha pide rodear la tarea que se cree que se acabará antes y empezar por ella. Es una decisión pequeña, pero la toma el niño, y eso cambia bastante la disposición con la que se sienta.
La mesa dice mucho
Preguntar qué hace falta encima de la mesa y qué sobra es más útil que pedir concentración. Los cinco viajes a buscar la goma, el sacapuntas o el libro rompen el hilo tantas veces como cualquier distracción externa, y se evitan con treinta segundos de preparación.
En cuanto a lo que sobra, la respuesta tiene que ser concreta —el móvil, la tableta, la mochila abierta— porque lo general no se puede retirar de una mesa.
Las pausas son parte del trabajo
Un descanso corto y previsto sostiene la atención mucho mejor que aguantar hasta que ya no se puede. Lo que estropea una pausa no es su duración, es no saber cuándo termina: por eso se acuerdan los bloques y el final antes de empezar, no sobre la marcha.
Y hay un punto que la hoja de registro recoge por separado porque marca la diferencia entre una tarde larga y una corta: volver después de una interrupción. Interrumpirse no es evitable; volver sí se entrena. Dejar el lápiz sobre la línea exacta donde se paró cuesta un segundo y ahorra el rodeo entero de volver a situarse.
Cuando no se arranca
Cinco minutos mirando el ejercicio sin empezar es una situación muy frecuente y se resuelve con una acción mínima y física: leer el enunciado en voz alta, copiar el número del ejercicio, subrayar el dato, escribir la primera palabra. Pensar más no sirve; hacer algo pequeño, sí.
Para trabajar en paralelo la parte de autoinstrucciones, están las rutinas con autoinstrucciones y el cuaderno de TDAH. Todo el material está reunido en la sección de inclusión.
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Deberes y TDAH: ficha en PDF para organizarse
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Preguntas frecuentes
¿Cuánto deberían durar los deberes con TDAH?
Menos de lo que suelen durar. El reto de la ficha —apuntar la hora de sentarse y la de acabar durante tres tardes— casi siempre revela que hay pocos minutos de trabajo y muchos de arranque, y eso se corrige con organización, no con más tiempo.
¿Conviene sentarse al lado todo el rato?
Al principio sí, pero para preparar y arrancar, no para resolver. La presencia del adulto en el momento de la lista y del primer ejercicio rinde mucho; quedarse las dos horas suele acabar en que la tarea la lleva el adulto.
¿Y si no quiere ni empezar?
Empezar por la tarea más corta, reducirla todavía más —solo el primer ejercicio— y acordar la pausa antes de sentarse. Negociar el volumen es legítimo; negociar si se hacen o no, no lleva a ningún sitio.

