Cuando alguien dice que no se sabe las tablas, casi siempre está hablando de dos: la tabla del 7 y la del 8. Y dentro de esas dos, de cuatro casillas concretas: 7×6, 7×8, 8×6 y 8×7. El resto suele estar mucho mejor de lo que parece.
Aquí no hay truco de terminación que valga
La tabla del 10 acaba en cero, la del 5 alterna cinco y cero, la del 2 da siempre par. Esas pistas visuales resuelven media tabla sin pensar. Con el 7 y el 8 no existe nada parecido: los resultados no siguen ningún patrón que un niño pueda ver.
Por eso, en lugar de insistir con la repetición, esta ficha ataca por otro lado: apoyarse en una multiplicación que ya se sabe para llegar a la que no.
Partir el 7 en 5 más 2
7 × 6 es lo mismo que 5 × 6 más 2 × 6. O sea, 30 + 12 = 42. Y las tablas del 5 y del 2 las tiene cualquier niño de tercero desde segundo curso.
Al principio es lento, y está bien que lo sea. La primera meta no es responder rápido: es no fallar. La velocidad llega después, y llega sola cuando el camino se ha recorrido bastantes veces.
Doblar tres veces para el 8
8 × 7 se obtiene doblando el 7 tres veces: 14, 28, 56. Funciona con cualquier número, porque el 8 es 2 × 2 × 2, y por el mismo motivo la tabla del 8 es exactamente la del 4 doblada, y la del 4 es la del 2 doblada.
El ejercicio 10 pide escribir las dos tablas una al lado de la otra y comprobarlo. Verlo en columnas convence mucho más que oírlo.
La casilla que se recuerda sola
5, 6, 7, 8. Ordenados así, dicen que 56 = 7 × 8. Es el único de los cuatro casos difíciles que tiene una muleta memorable, y merece la pena aprovecharla.
Las cuatro que más cuestan, por escrito
La última actividad pide algo que rara vez se hace: que el niño escriba cuáles son sus cuatro casillas peores y las repase al día siguiente antes que ninguna otra cosa. Repasar la tabla entera cuando fallan cuatro resultados es gastar diez minutos para trabajar uno.
El truco de los dedos para la del 9, y por qué aquí no sirve
Con la tabla del 9 hay un truco famoso con las manos que funciona. Con el 7 y el 8 no existe nada equivalente, y merece la pena decírselo al niño: no está buscando mal, es que no lo hay.
Saberlo evita la frustración de sentir que a los demás les han contado un secreto. Lo que hay para estas dos tablas es un camino algo más largo —descomponer o doblar— y la certeza de que ese camino siempre llega.
Por dónde empezar si falla las dos
Por el 8, aunque parezca la más difícil. Doblar tres veces es un procedimiento mecánico que no depende de recordar nada, así que da resultados desde el primer día. Con la del 7 hay que tener asentadas la del 5 y la del 2, y conviene comprobarlo antes.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se aprenden la tabla del 7 y la del 8?
En 3.º de Primaria, normalmente en el segundo trimestre y después de las del 2, 5, 10, 3 y 4. Si llegan a 4.º sin dominarlas, arrastran las divisiones y las multiplicaciones de dos cifras, que es donde se nota.
¿Es malo que use los dedos o que sume para llegar al resultado?
No, si el camino es correcto. Sumar 30 + 12 para resolver 7 × 6 demuestra que entiende la operación. Lo que conviene evitar es contar de siete en siete desde el principio cada vez, porque eso no lleva a ninguna parte.
¿Cuánto tiempo al día?
Cinco minutos bastan si son todos los días. Estas dos tablas se caen precisamente cuando se estudian de golpe y no se vuelven a tocar.
La ficha, para imprimir
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La tabla del 7 y la del 8: las dos que de verdad cuestan
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Si vas más atrás, empieza por las primeras tablas: 2, 5 y 10. Y si ya las tiene, sigue con el repaso de 4.º y la multiplicación por 10, 100 y 1.000.

