Las restas con llevadas para 2.º de Primaria son el primer procedimiento del curso que no se puede resolver por intuición. Hasta aquí bastaba con quitar; a partir de aquí hace falta entender que un número se puede descomponer de varias maneras, y quien no tiene esa idea acaba aprendiendo un truco que se le olvidará en vacaciones.
Qué ocurre exactamente cuando «no se puede quitar»
En 43 − 27 el niño se encuentra con que a 3 no puede quitarle 7. La explicación escolar habitual —«le pido una al de al lado»— describe el gesto pero esconde la idea. Lo que ocurre de verdad es que 43 se está reescribiendo como 30 + 13 en lugar de 40 + 3. Sigue siendo el mismo número, repartido de otra forma.
Quien capta esto resuelve cualquier resta, incluidas las de tres cifras y las que llevan dos veces. Quien memoriza el gesto acierta mientras el ejercicio se parezca a los del cuaderno y falla en cuanto cambia el formato.
Diez minutos con monedas antes del lápiz
Con monedas de euro y de diez céntimos la idea se ve sin explicarla: para pagar 27 con cuatro monedas de diez y tres de una hay que cambiar una moneda grande por diez pequeñas. Ese cambio es la llevada. Después, en el papel, ya no hace falta contarla.
Cómo están organizados los ejercicios
La ficha avanza en cuatro escalones, y el orden importa más de lo que parece:
- Restas sin llevada mezcladas con otras que sí la tienen, para que haya que decidir en cada una.
- Restas con llevada en las unidades, que es el caso base.
- Restas con ceros en el minuendo, del tipo 50 − 24, que se atascan aparte.
- Una columna final de comprobación sumando, para que la corrección no dependa del adulto.
Ese último bloque es el que más autonomía da: si al resultado le sumas lo que has quitado tienes que volver al número de partida. El niño que se acostumbra a comprobar deja de preguntar «¿está bien?» después de cada operación.
Las tres maneras de equivocarse
Casi todos los fallos en una resta llevando entran en una de estas categorías, y cada una pide una respuesta distinta:
- Restar al revés dentro de la columna. Ve 3 y 7, y hace 7 − 3 porque «así se puede». Es el error más común y no se corrige repitiendo restas, sino volviendo a la descomposición.
- Olvidar la llevada en la decena siguiente. Suele ser un despiste de atención, no de comprensión, y mejora solo escribiendo la marca antes de operar.
- Aplicar la llevada cuando no toca. Aparece justo después de aprender el procedimiento y es buena señal: significa que lo está usando, solo falta ajustar cuándo.
Qué hacer si sigue sin salir
Si después de tres o cuatro sesiones el error sigue siendo el primero de la lista, conviene bajar un peldaño y trabajar la descomposición sin restas de por medio: pedir que diga 43 de tres formas distintas, o completar 60 igual a 50 más algo. Suele bastar con una semana.
Y si el problema es que la resta se resuelve bien pero muy despacio, contando hacia atrás con los dedos, lo que falta no es procedimiento sino cálculo automático. Ahí trabajan mejor las fichas de sumas y restas de 2.º y el juego de cálculo mental, que permite muchas repeticiones cortas con corrección inmediata.
El cero de en medio, que es el caso duro
Hay una resta que se resiste mucho más que las demás y conviene tratarla aparte: la que tiene un cero en la columna a la que hay que pedir. En 302 menos 148, las unidades no llegan y la casilla de al lado está vacía.
Lo que ocurre es que hay que ir un paso más allá: se toma de las centenas, ese cero se convierte en nueve, y solo entonces se puede completar las unidades. Son dos movimientos encadenados en lugar de uno.
Merece la pena hacerlo con monedas antes que con lápiz. Cambiar un billete grande por diez medianos, y uno de esos por diez pequeños, es exactamente lo que está pasando en el papel, y se ve.
Cuidar cómo queda la hoja
En estas restas se tacha y se reescribe encima, y a los siete años eso acaba en un amasijo del que ya no se puede leer nada. Muchos fallos de esta ficha no son de cálculo: son de no distinguir lo que uno mismo ha escrito.
Ayudan tres costumbres pequeñas. Tachar con una raya limpia, no borrando ni garabateando. Escribir el número nuevo encima y algo más pequeño. Y dejar sitio de sobra entre una operación y la siguiente, aunque quepan menos en la hoja.
Si aun así queda ilegible, conviene copiar la operación de nuevo en limpio en lugar de seguir trabajando encima.
Comprobar la resta sumando
Hay una comprobación que convierte al alumno en su propio corrector y que casi no se usa: sumar el resultado con lo que se ha quitado. Si la resta era 62 menos 27 y ha salido 35, entonces 35 más 27 tiene que dar 62. Si no da, la resta está mal.
Merece la pena por dos motivos. El primero, práctico: deja de hacer falta preguntar si está bien. El segundo es de fondo, y es el que importa: comprobar así obliga a ver que sumar y restar son la misma operación en dos direcciones, que es la idea que sostiene todo lo que vendrá después con las ecuaciones.
La comprobación funciona igual de bien en la suma llevando de dos cifras, donde se hace al revés: se resta uno de los sumandos al total.
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Preguntas habituales
¿A qué edad se enseñan las restas con llevadas en Primaria?
Se introducen en 2.º, hacia mitad de curso, y se consolidan durante 3.º con números de tres cifras. Llegar a 3.º sin tenerlas asentadas es muy común y perfectamente recuperable con práctica corta.
¿Es mejor enseñar el método de «pedir prestado» o el de compensación?
Conviene usar el mismo que se está usando en clase para no generar confusión, sea cual sea. Lo que decide el resultado no es el método, sino que entienda que el número se ha repartido de otra forma.
¿Puede seguir contando con los dedos?
Mientras entienda lo que hace, sí. Los dedos son un apoyo que se abandona solo cuando el cálculo se automatiza. Retirarlos por decreto lo único que consigue es que cuente a escondidas y más despacio.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo hay que llevar en una resta?
Cuando las unidades de arriba son menores que las de abajo. Se puede saber antes de operar mirando solo esa columna, y es un buen hábito porque obliga a fijarse en el valor posicional.
Mi hijo resta 8 – 6 en vez de 16 – 8. ¿Por qué?
Es el error más típico de 2.º: como el de abajo es mayor, invierte la resta en esa columna. Indica que la llevada no está entendida, no que se haya despistado, y se corrige volviendo al material: palillos en manojos de diez o monedas.
¿Cómo puede comprobar él solo si está bien?
Sumando: el resultado más el número de abajo tiene que dar el de arriba. Así encuentra su propio error sin que nadie se lo señale, que es justo lo que interesa.
Cuando una ficha suelta no basta: en la guía sobre el refuerzo escolar en casa está el criterio para decidir qué reforzar.
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