Los problemas de matemáticas para 2.º de Primaria son el primer sitio donde la asignatura deja de ir de cuentas y empieza a ir de entender. Un niño puede sumar y restar perfectamente y quedarse en blanco delante de cuatro líneas de enunciado, y eso no significa que le fallen las matemáticas: significa que todavía no ha aprendido a traducir una situación a una operación.
Dónde se atasca de verdad un problema en 2.º
Casi nunca en el cálculo. Cuando un problema sale mal, el fallo suele estar en una de estas tres fases: no se ha entendido la situación, se ha entendido pero no se sabe qué operación la representa, o se ha elegido la operación mirando una palabra suelta del enunciado.
La tercera es la más frecuente y la más engañosa, porque durante un tiempo funciona. Si ve «en total» suma, si ve «se le caen» resta, y acierta sin haber entendido nada. El día que aparece un enunciado con «en total» que se resuelve restando, todo el sistema se viene abajo de golpe.
Una prueba de treinta segundos
Tapa las cifras del enunciado con el dedo y pídele que cuente qué pasa en el problema. Si lo puede contar con sus palabras, entiende la situación y solo hay que trabajar la operación. Si no puede, no hay nada que hacer con la cuenta todavía: el trabajo está en la lectura.
Qué ejercicios incluye la ficha
Los problemas están ordenados por tipo de situación, no por dificultad de cálculo, y todos usan números pequeños a propósito para que el peso recaiga en el razonamiento:
- Situaciones de juntar dos cantidades conocidas.
- Situaciones de quitar una parte de un total.
- Situaciones de comparación: cuántos más tiene uno que otro.
- Problemas con el dato desconocido al principio, que son los que de verdad separan.
Ese último grupo merece una nota. «Tenía algunos cromos, me han dado 4 y ahora tengo 11» se resuelve restando aunque en el enunciado alguien dé cromos. Es el ejercicio que rompe la estrategia de las palabras clave, y por eso está.
El dibujo va antes que la cuenta
Antes de escribir ninguna operación, conviene pedir un dibujo rápido: dos grupos de palitos, una barra partida en dos trozos, lo que salga. No tiene que ser bonito ni tardar más de veinte segundos.
El dibujo obliga a decidir qué cantidades hay y cómo se relacionan, que es exactamente la parte que se salta cuando se va directo a la cuenta. Además deja el razonamiento a la vista, así que si el resultado falla se puede ver dónde se torció en lugar de tener que preguntar.
Cómo acompañar sin resolverlo tú
La tentación de explicar el problema es enorme y arruina el ejercicio. Estas cuatro preguntas ayudan sin dar la respuesta:
- ¿De qué va esto? Cuéntamelo sin números.
- ¿Qué te preguntan exactamente?
- ¿Va a salir más grande o más pequeño que lo que ya tienes?
- ¿Tu resultado tiene sentido con lo que me has contado?
La tercera vale su peso en oro. Estimar antes de calcular convierte un resultado absurdo en algo que el propio niño detecta, y esa capacidad de sospechar del resultado propio es lo que separa a los buenos resolvedores del resto.
Dos errores que conviene no corregir enseguida
Si escribe la operación al revés pero el resultado sale bien, déjalo terminar y pregúntale después por qué la ha puesto así: muchas veces la explicación revela un razonamiento correcto mal escrito, y eso se arregla en un minuto.
Si se salta el dibujo porque «ya lo sabe», tampoco pasa nada mientras acierte. El dibujo es un apoyo, no un requisito, y quien ya no lo necesita ha superado justo la fase que estábamos trabajando.
Para practicar el cálculo por separado tienes las fichas de 2.º de Primaria, y si lo que falla es la lectura del enunciado, el trabajo previo está en las lecturas comprensivas. En pantalla, el juego de problemas permite repetir muchas situaciones seguidas sin cansarse de escribir.
Problemas de dos operaciones, ya en 2.º
Al final de segundo aparecen los primeros problemas que no se resuelven con una sola cuenta: hay que averiguar un dato intermedio y usarlo después.
Cuestan mucho más de lo que parece, y no por el cálculo. El niño hace la primera operación, ve un número y da el problema por terminado. Ayuda pedirle que subraye la pregunta antes de calcular nada y que vuelva a leerla cuando tenga el primer resultado.
Si se atasca, funciona partirlo en voz alta: «primero, ¿cuántos tenía en total?; ahora sí, ¿cuántos le quedan?».
Ocho problemas para empezar hoy mismo
Sin descargar nada. Están ordenados de menos a más y cubren los cuatro tipos que entran en segundo: juntar, quitar, comparar y repartir.
- En el árbol hay 14 pájaros y se van 6. ¿Cuántos quedan?
- Marta tiene 27 cromos y su hermano le da 15. ¿Cuántos tiene ahora?
- Un libro cuesta 12 euros y una libreta 5. ¿Cuánto cuestan los dos?
- Ana tiene 23 canicas y Luis tiene 9. ¿Cuántas canicas tiene Ana más que Luis?
- En una caja caben 10 huevos. ¿Cuántos huevos hay en 4 cajas?
- Reparte 20 caramelos entre 5 niños a partes iguales. ¿Cuántos toca a cada uno?
- Había 45 galletas. Nos comimos 18 el lunes y 12 el martes. ¿Cuántas quedan?
- Pablo tiene 8 euros y quiere un juguete de 15. ¿Cuánto le falta?
Soluciones: 8 pájaros · 42 cromos · 17 euros · 14 canicas más · 40 huevos · 4 caramelos · 15 galletas · 7 euros.
El 7 es de dos operaciones y el 8 es de los que más cuestan, porque la palabra «falta» empuja a sumar cuando en realidad hay que restar. Si falla ese, no es cálculo: es comprensión del enunciado, y se trabaja dibujando.
Antes de los problemas, las tablas
Los problemas 5 y 6 dan por hecho que la tabla del 10 y la del 5 están disponibles. Si no lo están, el niño se atasca en la cuenta y pierde el hilo del enunciado, que es lo que de verdad estamos entrenando. En ese caso conviene empezar por las primeras tablas de multiplicar: la del 2, la del 5 y la del 10.
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Dudas frecuentes
¿Cuántos problemas de matemáticas conviene hacer al día en 2.º de Primaria?
Dos bien hechos y comentados valen más que diez resueltos en cadena. Lo que consolida no es la cantidad, sino explicar en voz alta por qué se ha elegido esa operación.
Entiende el problema pero se equivoca en la cuenta, ¿es grave?
Es la mejor de las situaciones posibles. El razonamiento, que es lo difícil de enseñar, ya está; el cálculo se automatiza con práctica corta y diaria.
¿Se le puede leer el enunciado en voz alta?
Sí, y en 2.º es muy recomendable si la lectura todavía cuesta. Un problema de matemáticas no debería ser una prueba de lectura encubierta: si descifrar las palabras consume toda la atención, no queda ninguna para pensar.
Preguntas frecuentes
¿Por qué sabe sumar y falla los problemas?
Porque son dos cosas distintas. Calcular es aplicar un procedimiento; resolver un problema es decidir cuál aplicar, y esa decisión no aparece escrita en ninguna parte del enunciado. Un niño de 2.º puede tener la suma automatizada y quedarse en blanco ante cuatro líneas de texto sin que eso indique ninguna dificultad matemática.
¿Cómo se ayuda sin darle la operación?
Pidiéndole que cuente la situación con sus palabras y sin números: qué había, qué pasó, qué preguntan. Cuando termina de contarla, la mayoría de las veces ya sabe qué hacer. Decirle «es una resta» resuelve el problema de hoy y no enseña nada para el siguiente.
¿Qué hago si se lanza a calcular sin leer?
Tapa los números con el dedo y pídele que lea el enunciado así. Es el remedio más eficaz que existe para esa costumbre, porque obliga a atender a la situación en lugar de a las cifras. Si al destaparlos ya sabe qué operación es, el problema nunca fue de matemáticas.
¿Cuántos problemas conviene hacer al día?
Dos bien hablados valen más que diez resueltos en silencio. En 2.º lo que se entrena es la traducción del enunciado a la operación, y eso se aprende explicando en voz alta, no acumulando ejercicios.
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