Las multiplicaciones por dos cifras para 4.º de Primaria tienen fama de difíciles y en realidad no traen ninguna operación nueva. Todo lo que hay dentro —las tablas, las llevadas, la suma final— ya se sabía. Lo único que cambia es que ahora hay que organizar dos multiplicaciones y sumarlas, y ese es exactamente el punto donde se falla.
Dos multiplicaciones y una suma
Al multiplicar 243 × 34 se está calculando 243 × 4 por un lado y 243 × 30 por otro, y sumando los dos resultados. Dicho así deja de ser un procedimiento misterioso y pasa a ser una tarea de organización.
Cuando un alumno entiende que la segunda fila es «por treinta» y no «por tres», el famoso cero deja de ser una norma que hay que recordar y pasa a ser algo obvio. Es una de esas explicaciones de treinta segundos que ahorran semanas.
Qué se practica en la ficha
- Dos cifras por dos cifras sin llevadas, para fijar la colocación.
- Tres cifras por dos, con llevadas en ambas filas.
- Multiplicadores acabados en cero, del tipo 40 o 70.
- Multiplicadores con cero en medio, como 305.
- Una sección de estimación previa para anticipar el orden de magnitud.
Dónde se pierde el resultado
Repasando cuadernos, los fallos se reparten casi siempre así: la segunda fila mal desplazada, una llevada de la primera fila arrastrada por error a la segunda, y errores en la suma final que nada tienen que ver con multiplicar.
Ese tercer caso es especialmente frustrante porque el alumno ha hecho bien lo difícil y falla en lo fácil. Vale la pena decírselo con esas palabras: casi siempre está más cerca de lo que cree.
Un truco de colores que funciona
Escribir la fila de las unidades en un color y la de las decenas en otro durante las primeras sesiones. Suena a manualidad y resuelve de golpe el problema de las llevadas cruzadas, que es el error más difícil de detectar a simple vista.
Comprobar sin repetir la cuenta
Repetir la operación entera para comprobarla es lento y además suele reproducir el mismo error. Es mucho más eficaz estimar: 243 × 34 está entre 240 × 30 y 250 × 40, es decir, entre 7.200 y 10.000. Cualquier resultado fuera de ese margen se descarta sin mirar nada más.
Si lo que falla es el acceso rápido a las tablas, conviene entrenarlas aparte en el juego de tablas antes de insistir con estas fichas. Y para el paso previo, están las multiplicaciones por una cifra.
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Dudas habituales
¿Por qué hay que poner un cero en la segunda fila de la multiplicación?
Porque esa fila no multiplica por la cifra que se ve, sino por esa cifra en las decenas. Al multiplicar por 30 y no por 3, el resultado va desplazado una posición, y el cero es la forma de dejarlo escrito.
¿Se puede usar el método de la cuadrícula o de la caja?
Sí, y ayuda a entender de dónde salen las filas. Conviene usarlo como explicación y volver luego al algoritmo tradicional, que es el que va a encontrarse en clase y en cursos posteriores.
Se equivoca siempre en la suma final, ¿qué revisamos?
Normalmente la alineación de las columnas, no la suma en sí. Con papel cuadriculado y una cifra por casilla, la mayoría de estos errores desaparecen sin tocar nada más.
Por qué la segunda fila se desplaza
Es la pregunta que casi nadie contesta y la que convierte el algoritmo en algo comprensible. En 34 × 26, la segunda fila no se corre un lugar por costumbre: es que no se está multiplicando por 2, se está multiplicando por 20.
Por eso el resultado de esa fila son decenas y tiene que quedar alineado con las decenas. Escribir un cero en el hueco en lugar de dejarlo vacío lo hace visible y elimina de golpe el error de alinear mal.
Y hay una comprobación que lo asienta del todo: resolver la misma multiplicación por descomposición. 34 × 26 es (34 × 20) + (34 × 6), o sea 680 + 204, que dan 884. Son exactamente las dos filas del algoritmo, escritas de otra manera.
Los cuatro fallos habituales
No desplazar la segunda fila, que es el más grave porque el resultado se va a cientos de distancia.
Arrastrar lo que se llevaba de la primera fila a la segunda. Cada fila empieza de cero: lo que se llevaba en la primera ya se usó y se olvida.
Fallar en la suma final, que es donde acaban muchas operaciones bien planteadas. Merece la pena comprobarla aparte.
Multiplicar por cero sin cuidado. En 34 × 20 hay quien se salta la fila entera. El cero también se multiplica y su fila también cuenta.
Estimar antes de operar
Con dos cifras el resultado ya es lo bastante grande como para que un error pase desapercibido, y la estimación es la única defensa.
34 × 26 está cerca de 30 × 25, o sea unos 750. Si sale 200 o 8.000, hay algo mal sin necesidad de repasar la cuenta.
Conviene exigirlo por escrito en una casilla antes de cada operación durante unas semanas. Quien la adquiere deja de depender del algoritmo para saber si su respuesta es razonable.
Cuándo está listo para dos cifras
Una duda frecuente en casa. La señal no es que acierte las de una cifra: es que las resuelva sin escribir lo que se lleva y sin pararse a recordar cada tabla.
Mientras siga contando con los dedos para saber cuánto es 7 × 8, añadir una segunda cifra solo multiplica los sitios donde puede perderse. Dos o tres semanas más asegurando las tablas se recuperan con creces después.
Preguntas frecuentes
¿Por qué tienen fama de difíciles?
Porque parecen una operación nueva y no lo son. Las tablas, las llevadas y la suma final ya se sabían; lo único que cambia es que hay que organizar dos multiplicaciones y sumarlas. Presentarlas así, como una cuestión de orden y no de dificultad, quita bastante miedo.
¿Cuáles son los tres errores típicos?
Olvidar el desplazamiento de la segunda fila, perder una llevada al pasar de una fila a otra, y sumar mal al final. Se corrigen de forma distinta, así que merece la pena mirar cuál de los tres aparece antes de mandar repetir la cuenta.
¿De qué sirve estimar antes de calcular?
De detectar los errores propios. 38 × 32 es más o menos 40 × 30, unos 1.200; si el resultado sale 400 o 12.000, se sabe que hay un fallo sin repasar nada. Sin ese hábito, el alumno depende de que alguien le corrija, y en un examen no hay nadie.
¿Hay que colocar la cuenta siempre?
No, y fijarse en eso da información. Multiplicaciones como 75 × 20 o 90 × 50 se resuelven apartando los ceros. Un alumno que las coloca y las resuelve bien no comete ningún error, pero indica que está aplicando el procedimiento sin mirar los números.
Cuando una ficha suelta no basta: en la guía sobre cómo organizar el refuerzo escolar está el criterio para decidir qué reforzar.
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