Hablar bien en público se aprende igual que se aprende a leer: practicando poco y a menudo, con algo que decir. Y en primero de Primaria hay un obstáculo que no es la timidez, aunque lo parezca: no saber por dónde empezar.
El problema no suele ser la vergüenza
Cuando un niño de seis años se queda callado delante de la clase, lo habitual es pensar que le da corte. A veces es eso. Muchas más veces es que le han dado un tema enorme —«cuenta qué hiciste el fin de semana»— y no sabe qué parte contar ni en qué orden.
La prueba es sencilla: si se le pregunta «¿qué hiciste el sábado por la mañana?» suele responder sin problema. Lo que fallaba era el tamaño de la pregunta, no la valentía.
Por eso funcionan tan bien las tarjetas con temas concretos y pequeños: «un animal que te da miedo», «algo que se te da bien», «qué hay en tu mochila». Con un tema del tamaño adecuado, casi todos los niños hablan.
Tres cosas que se pueden pedir, y solo tres
En primero no se puede corregir todo a la vez o el niño deja de hablar. Conviene elegir tres objetivos y mantenerlos durante semanas.
Que se oiga. El volumen es lo primero y lo más fácil de mejorar. Ayuda decirle que hable «para el niño del fondo», que es una instrucción concreta, en lugar de «más alto».
Que mire. No a los ojos de todos, que agobia: basta con levantar la cabeza y mirar hacia el grupo alguna vez. Con seis años, no leer del suelo ya es un logro.
Que se entienda el orden. Primero, después y al final. Tres palabras que estructuran cualquier relato y que a esta edad se aprenden rápido si se le ayuda con la mano: un dedo, dos dedos, tres dedos.
Lo que no conviene corregir en primero: las muletillas, las repeticiones, los gestos con las manos. Vendrán después, y señalarlas ahora solo consigue que el niño se fije en cómo habla en lugar de en lo que cuenta.
Escuchar también se enseña
La mitad de este contenido es la otra mitad de la conversación, y se olvida siempre. Se puede pedir de forma concreta: mirar a quien habla, esperar a que termine y hacer una pregunta al final.
Esa última es la más valiosa. Obligar a que cada intervención termine con una pregunta de algún compañero cambia la dinámica entera: el que escucha tiene que estar atento, y el que ha hablado recibe la señal de que alguien le ha hecho caso, que es exactamente lo que quita la vergüenza.
Un minuto al día
No hace falta montar una exposición. Un turno de un minuto por niño, dos o tres niños al día, y en dos semanas ha hablado toda la clase. Es sostenible y es lo que produce el cambio.
En casa funciona igual con la cena: cada uno cuenta una cosa del día y los demás escuchan sin interrumpir. Que los adultos también cuenten la suya importa más de lo que parece, porque el niño ve el modelo y deja de ser un examen.
Conviene decir una cosa sobre grabar al niño, porque es la primera idea que se le ocurre a mucha gente: en primero suele funcionar al revés. Verse a sí mismo hace que se fije en cómo aparece y no en lo que estaba contando, y el efecto habitual es que hable menos la vez siguiente. La grabación es una herramienta útil a partir de quinto o sexto, cuando ya hay soltura suficiente para encajar la observación sin bloquearse.
Qué trae el material
Descarga gratuita
Expresión oral (1º de Primaria) en PDF
En PDF, lista para imprimir en A4.
Descargar PDFUn juego de tarjetas recortables con temas del tamaño adecuado para hablar un minuto; una tira de tres imágenes para practicar el orden de primero, después y al final; una lista de comprobación con los tres objetivos para que el niño se autoevalúe con caritas; y unas tarjetas de preguntas para el que escucha, con las fórmulas más útiles ya escritas.
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Preguntas frecuentes
Mi hijo no habla en clase, ¿es timidez?
No siempre. Muchas veces el problema es el tamaño del tema: «cuenta el fin de semana» es enorme. Si se pregunta «¿qué hiciste el sábado por la mañana?», suele responder sin dificultad.
¿Qué se le puede pedir a un niño de seis años?
Tres cosas y solo tres: que se le oiga, que levante la cabeza y que se entienda el orden. Las muletillas y los gestos se corrigen más adelante, y señalarlos ahora bloquea.
¿Cuánto tiempo hay que dedicarle?
Un minuto por niño, dos o tres niños al día. En dos semanas ha hablado la clase entera. Poco y a menudo funciona mucho mejor que una exposición larga al trimestre.
¿Cómo se trabaja en casa?
En la cena: cada uno cuenta una cosa del día sin que le interrumpan. Que los adultos cuenten también la suya es lo que evita que el niño lo viva como un examen.
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