Hay palabras cuya ortografía ninguna regla explica: haber, hoy, vaca, jirafa, iba. No se deducen, se reconocen. Y en dislexia esa vía visual, la que permite reconocer una palabra entera de un vistazo, es precisamente la que va con retraso. De ahí que insistir en la regla no dé resultado y que la ortografía en dislexia haya que trabajarla fijando la imagen de cada palabra.
Esta ficha aplica el método más contrastado para hacerlo, y sobre todo enseña a comprobar, que es donde casi siempre se rompe la cadena.
Mirar, tapar, escribir y comprobar
El procedimiento cabe en cuatro pasos y no tiene misterio: se mira la palabra unos segundos, se tapa, se escribe de memoria y se compara con el original. Lo que suele hacerse mal es el cuarto paso.
Comprobar significa mirar letra por letra, no dar la palabra por buena de un vistazo. Un error que se valida como acierto se repite durante meses, y esa es la razón de que muchas listas de ortografía no sirvan de nada por más veces que se repasen.
Pocas palabras y que sean suyas
Cinco palabras bien fijadas valen más que veinte vistas una tarde. Y la lista tiene que salir de sus propios escritos, no de una relación general del libro: la ortografía que hay que aprender es la que uno falla, no la que estadísticamente se falla.
Por eso una de las actividades pide escribir cinco palabras que falle siempre. Esa lista es el material real del trimestre.
Escribirla tres veces despacio, no veinte deprisa
Copiar una palabra veinte veces a toda velocidad no fija nada: la mano se automatiza y los ojos se van a otra parte. Tres repeticiones lentas, mirando lo que se escribe, dejan más huella que una plana entera, y además no convierten la ortografía en un castigo.
El enganche lo inventa quien tiene que recordarlo
Una palabra se recuerda mejor cuando va unida a algo: un dibujo, una frase propia, una parte que llama la atención. La hache de hoy no significa nada por sí sola, pero «hoy hace calor» se queda.
Lo importante es que el enganche lo invente el niño, aunque al adulto le parezca extraño o poco lógico. El que funciona es siempre el propio, y corregirlo lo desactiva.
Localizar la parte difícil
Casi ninguna palabra falla entera: falla una letra muda, una be o una uve, una ge o una jota, una tilde. Señalar exactamente qué parte se olvida reduce el error a la mitad, porque convierte una palabra difícil en un detalle que vigilar.
Para la parte de sonidos y sílabas están el cuaderno de dislexia y las fichas de discriminar b y d; para la lectura, la de fluidez lectora. Todo el material está en la sección de inclusión.
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Preguntas frecuentes
¿Se pueden aprender las reglas de ortografía teniendo dislexia?
Las reglas se aprenden y ayudan, pero cubren una parte pequeña del vocabulario. La mayoría de las palabras frecuentes no responden a ninguna regla, y ahí solo funciona la memoria visual.
¿Cuántas palabras conviene trabajar por semana?
Cinco. Las que se dominen salen de la lista y entran otras; las que sigan fallando se quedan otra semana. Ampliar la lista antes de tiempo es la forma más rápida de que deje de funcionar.
¿Hay que corregir todas las faltas de un texto suyo?
No. Marcar veinte faltas de una vez no enseña ninguna. Es más eficaz elegir dos o tres, precisamente las de su lista, y dejar el resto sin señalar hasta que les toque el turno.

