Este cuaderno de dislexia no propone leer más rato. Propone lo contrario: trabajar por debajo de la lectura, en los sonidos, hasta que descifrar deje de consumir todo el esfuerzo. Son veinte actividades repartidas en cuatro bloques y pensadas para diez minutos al día.
Leer más no arregla la dislexia
Es la idea que más cuesta aceptar en casa, y es la que más tiempo ahorra cuando se acepta. Un niño con dislexia gasta en descifrar un esfuerzo que otro no gasta, así que pedirle más lectura es pedirle más de aquello que precisamente le agota.
Lo que sí modifica el pronóstico es la conciencia fonológica: oír los sonidos, contarlos, separarlos y manipularlos. Por eso las cinco primeras actividades no tienen ni una palabra escrita que haya que leer.
La b y la d no son un problema de vista
Se confunden porque solo se diferencian en hacia dónde mira la panza, y repetirlas más veces no enseña nada nuevo. Lo que funciona es un truco físico que el niño pueda usar solo: con las dos manos cerradas y los pulgares hacia arriba, la izquierda dibuja una b y la derecha una d.
Es discreto, se hace debajo de la mesa y no depende de que haya un adulto al lado. Esa autonomía es la mitad del valor.
Por qué el texto es tan corto
Cuatro frases. Y la indicación de que lo lea primero el adulto en voz alta mientras el niño sigue con el dedo. Leer algo que ya se ha oído cuesta mucho menos y deja fuerzas disponibles para lo que de verdad importa, que es enterarse de lo que dice.
Un niño con dislexia que lee en frío gasta todo en descifrar y no comprende nada, y entonces parece que además tiene un problema de comprensión. No lo tiene.
Diez minutos, y siempre a la misma hora
Nunca más de diez. Si un día cuesta, se para sin negociar. El cansancio de leer con dislexia es real y no se vence insistiendo: se gestiona repartiendo.
Lo que dice cada bloque si falla
El cuaderno termina con un apartado para interpretar los resultados, que es lo que más falta suele hacer:
- Falla del 1 al 5 — el trabajo es conciencia fonológica, y hay que quedarse ahí semanas sin pasar a la lectura.
- Falla del 6 al 9 — es discriminación b/d, y toca el gesto de las manos.
- Lee bien pero no contesta del 12 al 15 — el problema no es la dislexia: es que descifrar no le deja comprender.
Qué no encontrarás en este cuaderno
No hay ejercicios de copiar la misma palabra veinte veces, ni dictados largos, ni textos de una página. No es por simplificar: es que ninguna de esas tres cosas ayuda a un niño con dislexia y las tres consumen el rato que sí podría rendir.
Tampoco hay cronómetro en ninguna actividad. La velocidad lectora es un dato útil en general y contraproducente aquí: medir el tiempo de quien ya sabe que va lento añade presión sin aportar información nueva.
Cómo repartirlo en la semana
Una página al día, de lunes a jueves, y el viernes se repite la que peor haya salido. En dos semanas se recorre el cuaderno entero con margen para volver atrás.
Y conviene guardar las hojas hechas en orden. A las tres semanas, poner cuatro juntas encima de la mesa enseña algo que ningún comentario consigue: se ven las mismas palabras falladas una y otra vez, y esas cuatro o cinco palabras tercas son las que hay que trabajar, no las cuarenta de la lista.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué curso sirve este cuaderno de dislexia?
Está pensado para 1.º y 2.º, aunque funciona en cursos superiores si la conciencia fonológica no está asentada. La edad importa menos que el punto de partida.
¿Hace falta un diagnóstico para usarlo?
No. Todo lo que propone es bueno para cualquier niño que empieza a leer, tenga o no dificultades. El diagnóstico hace falta para pedir medidas en el colegio, no para trabajar en casa.
¿Sustituye a la logopeda?
No, y conviene decirlo claro. Es material de apoyo para practicar entre sesiones. Si hay sospecha de dislexia, quien la confirma es una evaluación psicopedagógica.
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Antes de empezar conviene leer qué es la dislexia y cómo se detecta. Y si buscas actividades que se corrigen solas, están las interactivas de inclusión.

