En una casa hay muchísimo trabajo que hacer y casi nunca se ve: la comida no aparece sola en la mesa y la ropa limpia no se dobla sola. Esta ficha de 1.º y 2.º de Primaria trabaja el reparto de tareas en casa de la única manera que funciona a esta edad: mirando lo que pasa de verdad durante una semana y apuntándolo.
Primero mirar, después hablar
El ejercicio central es un registro de siete días con cinco tareas concretas —poner la mesa, recogerla, cocinar, poner la lavadora, doblar la ropa— y una casilla por día para anotar quién la hizo.
Que sea un registro y no una lista de deberes cambia todo. El niño no discute con nadie: observa, cuenta y saca su propia conclusión, que es bastante más convincente que cualquier explicación de un adulto.
La sorpresa que suele dar
Muchos niños descubren tareas que llevaban años ocurriendo sin haberlas visto nunca, sencillamente porque pasan mientras ellos están en el colegio o durmiendo. Habrá que preguntarlas, y ese es justo el momento útil de la actividad.
Por eso conviene decir antes de empezar que aquí se apunta lo que pasa, no lo que debería pasar. Si el registro se convierte en una lista de reproches entre adultos, la ficha deja de servir en la primera tarde.
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Reparto de tareas en casa — Ficha 1.º y 2.º (PDF)
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Descargar PDFTienes el material aquí: el reparto de las tareas, ficha de 1.º y 2.º en PDF, con el registro semanal, el acuerdo firmado y la hoja para el adulto.
Qué puede hacer solo un niño de seis años
Más de lo que se suele pensar: poner la mesa, recoger su plato, hacerse la cama, guardar su ropa doblada, preparar la mochila, regar las plantas y bajar la basura acompañado.
La conversación útil no es sobre quién hace más, sino sobre qué puede empezar a hacer él. La ficha termina con un acuerdo escrito y firmado por el niño y por un adulto, con dos compromisos concretos: uno semanal y uno diario.
Las tareas no tienen género
Un ejercicio corto pregunta quién puede cocinar, arreglar una bici, coser un botón, cuidar de un bebé o conducir un camión. Es habitual que algún niño marque «solo mujeres» o «solo hombres» en alguna casilla, y no conviene reaccionar con alarma.
Está describiendo lo que ve en su entorno, que es exactamente el dato que interesa hacer visible. La conversación se abre preguntando «¿y podría hacerlo el otro?», no corrigiendo la respuesta.
La diferencia entre ayudar y hacerse cargo
Hay un matiz pequeño que cambia bastante las cosas: no es lo mismo ayudar a alguien con una tarea que hacerse cargo de ella. Ayudar implica que la tarea sigue siendo de otro, que la piensa, la organiza y se acuerda de que hay que hacerla.
Por eso el acuerdo final de la ficha pide una tarea completa, de principio a fin, y no «echar una mano». Poner la mesa entera vale más que llevar dos platos cuando alguien lo pide, aunque el trabajo sea parecido: lo que se aprende es acordarse, que es la parte invisible y la que cansa.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad puede un niño ayudar en las tareas de casa?
Desde Infantil con cosas muy simples —recoger juguetes, llevar su plato al fregadero— y en 1.º de Primaria ya con tareas completas que hace solo de principio a fin. Lo importante es que la tarea sea suya, no que ayude a otro.
¿Conviene premiar o pagar por las tareas?
Las tareas de casa no son un favor que se hace a nadie: son parte de vivir ahí. Cuando se pagan, dejan de hacerse el día que no hay premio, y ese es un aprendizaje distinto del que se busca.
¿Y si en casa no se puede hacer el registro?
Se puede adaptar al aula registrando las tareas de clase: repartir material, recoger, ordenar la biblioteca, borrar la pizarra. El ejercicio funciona igual y a veces revela cosas interesantes del propio grupo.
Encaja con la sección de igualdad y coeducación, con educación emocional y con Inclusión.
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