Cuando una familia sospecha que a su hijo le cuesta mantener la atención, la conversación con el tutor o con el pediatra suele empezar con impresiones: «se distrae mucho», «no para». Esta hoja sirve para llegar a esa conversación con algo más concreto: veinte cosas observables, marcadas con calma y pensando en los últimos seis meses.
Qué recoge la hoja
Los veinte enunciados están agrupados en tres bloques que se leen por separado:
- Atención (ocho enunciados): terminar lo que empieza, seguir instrucciones de tres pasos, perder material, errores por descuido.
- Impulsividad y movimiento (ocho): levantarse, interrumpir, contestar antes de tiempo, esperar el turno.
- Cómo se traduce en el día (cuatro): cuánto tarda en ponerse, si necesita a alguien al lado, si se comporta distinto en casa y en el colegio.
Cada uno se marca en una escala de cuatro pasos, de Nunca a Casi siempre, y al final hay una tabla que sitúa el total en una de tres franjas con lo que conviene hacer en cada caso.
Por qué franjas y no percentiles
Un percentil exige baremos, es decir, haber pasado la misma prueba a miles de niños de cada edad y saber cómo se distribuyen los resultados. Esta hoja no los tiene y no pretende tenerlos. Lo que ofrece es una lectura honesta: dentro de lo esperable, conviene vigilarlo o conviene que alguien lo mire con detalle. Con eso basta para decidir el siguiente paso, que es de lo que se trata.
El truco de rellenarla dos veces
Lo más útil que se puede hacer con esta hoja es imprimir dos copias y que la rellenen por separado dos personas que vean al niño a diario: padre y madre, o familia y tutor. Las diferencias entre las dos hojas dicen tanto como las respuestas. Si en casa sale alto y en el colegio bajo, o al revés, el problema tiene mucho que ver con el contexto y eso cambia por completo lo que hay que hacer.
Antes de sacar conclusiones
Hay tres cosas aburridas que conviene descartar primero, porque explican muchos casos y se resuelven rápido: cuánto y cómo duerme, una revisión de vista y de oído, y si entiende el enunciado de lo que se le pide. Para lo primero tienes la hoja de observación de sueño y descanso, que conviene rellenar antes que esta.
Y una pregunta que aclara más que las veinte juntas: ¿ocurre en todas partes o solo en una? Un niño que se concentra una hora con el Lego y no aguanta cinco minutos con la ficha no tiene un problema de atención, tiene un problema con esa ficha.
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Qué hacer mientras tanto
Tareas cortas con final visible, una instrucción cada vez y ratos de cinco minutos varias veces al día en vez de una sesión larga. En atención y funciones ejecutivas tienes trece actividades que se juegan en el navegador sin registro, y fichas imprimibles de búsqueda, series y laberintos.
Preguntas frecuentes
¿Esta hoja de observación de atención sirve para diagnosticar TDAH?
No. Un diagnóstico de TDAH exige una evaluación clínica que ninguna hoja de papel sustituye. Esta sirve para ordenar lo que se ve y llevarlo a esa evaluación con datos concretos.
¿Desde qué edad tiene sentido?
Desde 1.º de Primaria en adelante. Antes de los seis años, moverse mucho y cambiar de actividad cada poco es lo normal, no una señal.
¿Cada cuánto conviene repetirla?
Cada dos o tres meses si se está trabajando algo. Comparar dos hojas separadas en el tiempo es lo que permite ver si la cosa mejora, empeora o sigue igual.

