Hay niños a los que les duele la tripa todos los domingos por la tarde. Otros lloran en la puerta del colegio, o no levantan la mano aunque sepan la respuesta, o se quedan en blanco en un examen que se sabían de memoria en casa. Es más frecuente de lo que parece y casi nunca se nombra, porque un niño angustiado suele ser un niño callado, y los niños callados no dan problemas.
Empieza por el sueño. La hoja de observación del sueño se rellena en cinco minutos, y la falta de descanso amplifica la ansiedad tanto como la ansiedad estropea el sueño.
Cómo se ve, según la edad
Rara vez dicen «estoy nervioso». Lo que se ve es otra cosa:
- En el cuerpo. Dolor de tripa o de cabeza los días de colegio, que desaparece los sábados. Cuesta dormir el domingo. Se come peor por la mañana.
- En la conducta. Preguntar mil veces si lo está haciendo bien, borrar y repetir hasta romper el papel, negarse a empezar «porque me va a salir mal».
- En clase. No participar aunque sepa la respuesta, evitar leer en voz alta, quedarse en blanco en el examen y recordarlo todo al salir.
- En casa. Estallidos al llegar del colegio, después de haber aguantado toda la mañana.
Ese último punto explica muchos malentendidos: el niño que se porta bien en clase y se derrumba en casa no está manipulando. Ha gastado toda su capacidad de contenerse durante la jornada.
La diferencia entre nervios y ansiedad
Ponerse nervioso antes de un examen es normal y hasta útil: activa. Se convierte en un problema cuando aparece mucho antes del acontecimiento, dura mucho después y le impide hacer cosas que querría hacer. Ese último criterio es el más claro de todos: si deja de ir a un cumpleaños, si se niega a leer en alto, si evita el colegio, ya no es solo nerviosismo.
Lo que ayuda de verdad
Anticipar, no tranquilizar en falso
«No va a pasar nada» no funciona, porque el niño no se lo cree. Funciona mucho mejor contar exactamente qué va a pasar: cuántas preguntas tiene el examen, cuánto dura, qué ocurre si falla alguna. La certeza baja la alarma; la promesa vacía, no.
Reducir el tamaño de la tarea
Buena parte del bloqueo viene de mirar la ficha entera. Tapar todo menos el primer ejercicio, o partirla en tres trozos con un descanso entre ellos, cambia mucho la disposición a empezar. Empezar es casi siempre lo difícil.
Separar el error del valor
Un niño ansioso interpreta cada fallo como una sentencia sobre él. Ayuda mucho corregir señalando qué se ha hecho bien antes de lo que falta, y decir en voz alta que un error es información, no un veredicto. Por eso todas nuestras fichas llevan solucionario razonado: para que el error se pueda mirar sin que haya nadie delante juzgando.
Y algo muy aburrido: dormir
El sueño insuficiente amplifica la ansiedad y a la vez la ansiedad estropea el sueño. Antes de trabajar nada más, merece la pena mirar a qué hora se acuesta y si hay pantallas en la última hora. Es lo primero que se revisa y lo que más rendimiento da.
Qué puede hacer el colegio
Cosas concretas y baratas: avisar de los exámenes con antelación, no obligar a leer en voz alta por sorpresa, permitir entregar en un formato alternativo cuando el bloqueo es con hablar en público, y tener un sitio y una señal acordada para salir un minuto cuando hace falta. Ninguna de las cuatro baja el nivel de exigencia.
Cuándo pedir ayuda
Cuando lleva semanas, cuando le impide hacer cosas normales de su edad o cuando aparece rechazo a ir al colegio. El primer paso es el tutor y el orientador del centro; el segundo, el pediatra, que valorará si conviene derivar. La ansiedad infantil responde bien al tratamiento, y cuanto antes se aborda, más corto es el camino.
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En educación emocional están las actividades para identificar y nombrar lo que se siente, incluido el termómetro emocional y qué hacer con la frustración. En atención y funciones ejecutivas hay tareas cortas y sin cronómetro que funcionan como rutina de vuelta a la calma. Y en evaluación inicial tienes pruebas sin nota, que sirven para saber dónde está sin añadir presión.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que le duela la tripa solo los días de colegio?
Es un patrón muy típico de ansiedad escolar, y el dolor es real: no se lo está inventando. Conviene descartar antes una causa física con el pediatra, y si no la hay, mirar qué ocurre en el colegio.
¿Le presiono para que vaya o le dejo quedarse?
Ni una cosa ni la otra de golpe. Lo que funciona es volver por pasos, con apoyo y con un plan acordado con el centro. Ceder del todo consolida la evitación; forzar sin más aumenta el miedo.
¿Puede tener ansiedad un niño de siete años?
Sí. Lo que cambia con la edad es cómo se expresa: en los pequeños casi siempre por el cuerpo y por la conducta, no con palabras.
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